Hipopresivos vs pilates

A día de hoy todos conocemos los beneficios saludables que nos aporta el Pilates, corrección postural, fuerza, elasticidad,… nadie pone en duda tales beneficios. Entre sus principios básicos destaca la activación voluntaria de la faja abdominal (transverso) y suelo pélvico.
La diferencia que plantea las técnicas hipopresivas respecto a Pilates es que buscan esa activación de la musculatura abdomino-pelvica de forma involuntaria, huyendo además de movimientos que aumenten la presión intraabdominal.
Por lo tanto, si queremos realizar hipopresivos deberemos olvidarnos durante su realización de contraer el centro o “core” y concentrarnos en realizar un vacío abdominal a través de la apertura costal, eliminando movimientos de flexión del tronco con carga.
La técnica hipopresiva provoca un “efecto de succión” en la zona abdomino-pelvica debido a la aspiración diafragmática consiguiendo aparte de una disminución de la presión, una estimulación del tejido conjuntivo y muscular que no reaccionan de igual manera a la activación voluntaria. Esta succión ha sido evidenciada por resonancia magnética verificando un cambio en la posición de las vísceras perineales.
Todo esto nos lleva a tomar en consideración la importancia de la gestión de la presión para poder prevenir patologías del periné y pérdidas del tono de la musculatura abdominal con las consecuentes problemáticas (hernias abdominales, inguinales, umbilicales, discales, pubalgias). En el caso de la mujer se han evidenciado mejoras en la prevención y recuperación de problemas asociados al suelo especifico de la mujer como incontinencia de orina y prolapsos de órganos pélvicos.
A lo largo de las próximas semanas publicaremos varias clases en las que iremos explicando detalladamente las diferentes posturas del método hipopresivo. Tal vez te sorprenda que las posturas llevan el nombre de diferentes diosas de la mitología griega y romana. En la imagen de cabecera podéis ver una galería de fotos con las diferentes posturas y sus nombres, para que vayáis familiarizándoos con ellas.
Puedes ver el primero de éstos vídeos en este enlace.
Yoga y natación: estírate después de nadar
Yoga y natación forman un tándem perfecto, ya que las dos son disciplinas relajantes, que fortalecen el cuerpo y a la vez resultan suaves para las articulaciones.
Sin embargo, como ocurre en todos los deportes, la natación tiende a sobrecargar algunos grupos musculares olvidando los antagónicos. Aquí te proponemos 4 posturas de yoga para estirar después de nadar que te ayudarán a corregir estos desequilibrios.
Siddhasana. Siéntate en el suelo, dobla una pierna y acerca el talón a la pelvis. Dobla la otra pierna y déjala por delante de la primera. Deja que desciendan las rodillas hacia el suelo. Estira tu espalda hacia arriba, y lleva los hombros hacia abajo y atrás. Apoya las manos en los muslos y vuelve las palmas hacia arriba.
Gomukasana. Siéntate con las piernas estiradas, dobla la derecha y lleva el pie cerca de la cadera izquierda. Ahora dobla la pierna izquierda, pon la rodilla encima de la derecha y lleva el pie al lado de la cadera derecha. Estira el brazo derecho hacia el cielo, dobla el codo de manera que puedas tocarte la nuca con la mano. Lleva el brazo izquierdo hacia abajo pegado a tu costado, dobla el codo y orienta la mano hacia arriba por detrás de tu espalda. Intenta coger los dedos de una mano con la otra mano. Si no llegas puedes ayudarte con la toalla o un cinturón. Después repite con los brazos y las piernas cambiadas.
