Yoga para el solsticio de invierno

Yoga para el solsticio de invierno

El día del solsticio e invierno corresponde al día más corto del año; el sol sale más tarde por la mañana y el ocaso se produce antes en la tarde. A partir de aquí los días se irán alargando poco a poco. ¡BIEN!

El solsticio marca el inicio del invierno, una época del año en la que la oscuridad y el frío exterior incitan a la búsqueda del calor y la luz interior. Es la estación del año en que el cuerpo necesita más descanso y horas de sueño, además de alimentos que lo nutran y calienten en profundidad. El elemento que rige el invierno es el agua, relacionado con el chakra  y con los riñones y la vejiga.

Aunque el descanso es necesario, es muy importante no descuidar nuestro cuerpo. La práctica de yoga es especialmente beneficiosa por los movimientos armoniosos y fluidos y debido a la producción y liberación de hormonas como las endorfinas, que aportan una sensación de alegría y bienestar.

Hoy te proponemos una secuencia especial para celebrar la llegada del invierno y preparar tu cuerpo para los fríos días que se avecinan. Trabajaremos posturas que armonizan la energía en Svadhisthana chakra, que masajean y mejoran el funcionamiento del aparato genito-urinario, combinadas con asanas de descanso, que invitan a la introspección.

1. Comenzamos en Balasana o la postura del niño. Sentado sobre los talones con el tronco plegado sobre los muslos. La frente apoyada en el suelo y los brazos descansando orientados hacia atrás. Respira profundamente, sintiendo como todo tu cuerpo responde a esta actitud.

3. Gato – Vaca. Coloca las palmas de las manos en el suelo y levanta los glúteos de los talones, llevando el tronco paralelo al suelo. Al ritmo de tu respiración desentumece tu cuerpo redondeando la espalda al exhalar y arqueándola al inhalar. Realiza el movimiento lento, al ritmo que invita la estación en la que nos adentramos.

 

4. Adho Mukha Svanasana o el perro mirando al suelo.  Apoya los dedos de los pies en el suelo e inhalando eleva la pelvis hacia el cielo, estirando piernas y brazos. Desciende los talones al suelo y orienta el coxis al cielo. Deja caer la cabeza relajada entre los brazos y nutre la postura con una respiración profunda.

5. Vrksasana o postura del árbol. Lleva los pies entre las manos y con las piernas ligeramente flexionadas estírate hacia arriba. Lleva las manos delante del pecho en un mudra de oración. Manteniendo la pierna derecha extendida, dobla la izquierda y lleva el pie hacia arriba deslizándolo por el interior de la pierna derecha. Apoya la planta del pie en el muslo (cara interna) o por debajo de la rodilla,  abre la cadera y lleva la rodilla izquierda hacia la izquierda. Mantén tu árbol durante 5 o 6 respiraciones, deshaz la postura lenta y controladamente y repite con el otro lado.

6. Virabhadrasana I. Ve hacia atrás en tu esterilla y da un gran paso hacia delante con el pie derecho.  Inhalando eleva los brazos por encima de tu cabeza y al exhalar flexiona la rodilla derecha orientando el coxis al suelo y mira hacia arriba. Respira profundamente para ayudarte a mantener Virabhadrasana I con el pecho bien abierto. Después regresa atrás y repite todo el proceso con el otro lado, es decir adelantando el pie izquierdo.

7. Salabhasana o postura del saltamontes. Túmbate en el suelo boca abajo, coloca bajo tu cuerpo los brazos y codos bien juntos, cierra los puños con los pulgares dentro y lleva el mentón al suelo y la barbilla hacia delante. Respira al tiempo que estiras la pierna derecha, en la siguiente inhalación eleva la pierna bien extendida sin oscilar el cuerpo hacia un lado. Desciende y repite con la otra pierna. Ahora vas a elevar las dos piernas a un tiempo, ayúdate de tus brazos apoyados fuertemente en el suelo, y de tu respiración, ahora más enérgica y audible. Desciende, relaja los brazos y la cabeza.

8. Lleva los glúteos hacia los talones y descansa en Balasana o postura del niño.

9. Ustrasana o postura del camello. Incorpórate lentamente, y levanta los glúteos de los talones, apoya las manos en los talones o en los bloques que habrás colocado a los lados de tus pies. Lleva la pelvis hacia delante, arqueando tu espalda, y llevando la cabeza hacia atrás para mirar el cielo y hacer el arco más profundo. Haz varias respiraciones profundas en Ustrasana, abriendo bien el pecho y después deshaz la postura y vuelve a sentarte sobre los talones.

10. Baddha konasana. Siéntate en el suelo, junta las plantas de los pies delante de ti e inclina tu tronco hacia delante intentando mantener la columna estirada. Apoya las manos en los pies y relaja completamente todo el cuerpo.

11. Halasana o postura del arado. Incorpórate y túmbate boca arriba, con todo el cuerpo estirado. Dobla las rodillas y apoya los pies en el suelo. Al exhalar estira las piernas arriba, eleva la pelvis y el tronco y lleva los pies y las piernas por detrás de tu cabeza, hacia el suelo. Si no llegan tus pies al suelo, puedes apoyarlos en una silla o taburete (que habrás colocado previamente).  Apoya las manos en tu espalda, más tarde entrelazarás los dedos y estirarás los brazos en el suelo para perfeccionar Halasana. Mantén la postura con una respiración lenta y después deshaz cuidadosamente, bajando la espalda poco a poco al suelo.

12. Descansa en Savasana o postura del cadáver.

¡Feliz solsticio!

Te recomendamos la clase de Diana Naya ‘Flow invernal’, la encontrarás en este enlace.  O esta otra práctica guiada por Isabel Ward, ‘Preparate para el invierno’.

 



Yoga en la menopausia y premenopausia

Socialmente existe la creencia de que entre los 40 y los 50 años las mujeres empiezan una etapa en sus vidas en las que las dominan la inestabilidad emocional y la melancolía. Los médicos apuntan que es una etapa en la que se pasa factura por malos hábitos pasados y todo mengua. Y algo de razón hay, pero no es todo como parece.

A partir de la mediana edad, las mujeres (y los hombres) sufren un cambio en el organismo, pero quizás lo que hace más difícil este periodo son las ideas preconcebidas y las habladurías. Y es que si nos paramos a pensar y reflexionar, alrededor de los cincuenta, las mujeres se encuentran en uno de sus mejores momentos dominados por la serenidad, la intuición y la madurez.

Sí, las hormonas también sufren un cambio, pero de igual modo que lo hicieron cuando el cuerpo y la mente pasó de ser niña a mujer, el embarazo, el postparto, la crianza, etc. Hoy en día todo está bajo el punto de mira de médicos y psicólogos, por no hablar de la medicación, cuando lo que hay que entender es que a todo cambio le precede una transición y que este proceso, como los demás, no son una enfermedad sino un proceso natural. En esta nueva etapa ganaremos cosas que necesitaremos para la siguiente etapa y nos desvaneceremos de otras que ya no necesitamos.

BENEFICIOS DEL YOGA DURANTE LA PREMENOPAUSIA Y LA MENOPAUSIA

El yoga, como en muchas de las etapas y cambios durante toda nuestra vida, puede ofrecer mejoras y grandes beneficios ofreciéndonos una transición consciente tanto en cuerpo, como en mente y emoción. El yoga es una herramienta maravillosa para marcar nuestro propio ritmo, crear la conexión entre cuerpo y mente, mantener los índices de vitalidad altos y reducir el riesgo de padecer enfermedades.

Se trata de realizar una actividad física centrado en el movimiento fluido y la precisión en la alineación, trabajando la fuerza con el propio peso, desarrollando una mayor flexibilidad, incluyendo la columna, manteniendo la movilidad en las articulaciones y minimizando el riesgo de lesiones.

Con el Yoga se ejercitan partes del cuerpo que no se tratan en otras disciplinas ayudándonos a reducir los dolores asociados a la menopausia al reducir los síntomas de las fluctuaciones hormonales.

En Elena Ferraris Yoga disponen de clases especificas de yoga para la menopausia. En Aomm.tv encontrarás clases de yoga guiadas por Elena Ferraris.

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