Cocina de verano

El verano es la época del año en la que necesitamos comer más ligero. El calor afecta de forma diferente a cada persona, pero a casi todos nos reduce el apetito, especialmente a los niños y a los ancianos. Esto no es negativo en absoluto, por lo general la tendencia es comer en exceso, por lo que moderar la ingesta una temporada es un merecido descanso para el estómago y los intestinos.
También son días de ocio y es fácil que los horarios se desbarajusten. Conviene prestar más atención a lo que nos llevamos a la boca para mantener unos niveles de nutrición óptimos, tener energía para combatir el calor y que el sistema inmunológico no se resienta.
La naturaleza es sabia y bondadosa, cada temporada nos colma de productos frescos y ricos en nutrientes y propiedades que cubren con creces nuestras necesidades. Las ensaladas son siempre una opción eficaz y rápida en los meses estivales, tanto en la comida como en la cena, y permiten mezclas creativas y deliciosas.
Hoy quiero redescubrirte un alimento que conoces de toda la vida. Te daré una receta sencilla y práctica que me encanta, “ensalada de patata con salsa de rábanos” ¿cuál es la novedad?
Recientemente se ha descubierto que la mejor forma de comer este tubérculo es cocido y frío, toma nota. Parece ser que cuando la patata cocida enfría su fibra cambia haciéndose más resistente para el aparato digestivo y, lejos de engordar, favorece la absorción lenta de los nutrientes que la acompañan. Además aporta vitamina B6 que ayuda a mantener las funciones cerebrales en buena forma.
Añádele hojas verdes y antioxidantes como los canónigos, corta rabanitos rojos en rodajas para aportar vitamina C y dar color; agrega alcaparras para intensificar el sabor y añadir proteínas vegetales. Si te gusta el pescado añade lubina marinada con limón y sal; si prefieres una versión veggie el tofu ahumado le dará un toque muy sabroso.
Se aliña con una sabrosa salsa de rábano: mezcla 2 rabanitos rallados, 3 cucharadas de mostaza de Dijon, 2 cucharadas de nata, el zumo de un limón y sal y pimienta al gusto en una taza; remueve hasta obtener una crema suave y rocíala sobre la ensalada.
A mí me gusta decorar este plato con un toque muy sutil de pimentón y ramitas de eneldo que es muy aromático y combina muy bien con la mezcla de sabores.
El resultado se aprecia en la foto, tiene una pinta estupenda y os diré ¡que estaba riquísima!
Ashtanga Yoga - Toma las riendas
El sistema de ashtanga yoga se enseña y practica tradicionalmente en formato Mysore, o auto práctica asistida. La secuencia de posturas es memorizada por el estudiante, que acude a una sala en la que confluyen otros estudiantes con distintos niveles de experiencia y habilidad y por tanto, que practican distintas rutinas.
El profesor se encuentra en la sala, muchas veces apoyado por asistentes, y va ayudando a los estudiantes cuando es necesario, facilitando la práctica de los mismos, ejerciendo de referente a la par que, idealmente, asumiendo un segundo plano.
En una clase estilo Mysore normalmente se bloquean unas cuantas horas, a partir de 2 y hasta 5 o 6, y se da al practicante la flexibilidad de llegar cuando desee, siempre y cuando pueda ser mínimamente autónomo y respete el ritmo de progreso impuesto por el profesor, que añadirá nuevas posturas a la secuencia cuando lo considere oportuno.
Habiendo practicado y asistido en clases Mysore durante años, uno de los aspectos que más me llamó la atención cuando comencé a enseñar ashtanga a principiantes fue la confianza extrema en las demostraciones del profesor y el aturdimiento y confusión que las instrucciones verbales generaban.
Una clase de ashtanga, incluso en formato guiado, es muy distinta a la mayoría de clases de yoga: el profesor no practica con los estudiantes, y si demuestra algo, lo hace solo de forma puntual. La instrucción y ritmo verbales son clave, así como la manipulación o ajustes. Esto hace que el centro de poder de la clase pase del profesor al alumno, que la atención se concentre en la respiración y movimientos de uno mismo, en el fluir de la propia práctica, más que en el profesor. El profesor asesora, facilita, pero la responsabilidad en última instancia recae en el estudiante.
Según los yoga sutras, la práctica de asanas (posturas) va preparando el terreno para que estados de yoga más elevados ocurran. Entre ellos, cabe destacar Pratyahara, que significa concentración de los órganos de los sentidos hacia uno mismo. Como explicábamos en el artículo anterior, esta es la razón principal por la que en ashtanga trabajamos en la confluencia de movimiento, respiración y mirada (tristhana).
Las salas de ashtanga carecen de distracciones, como música, espejos o secuencias de posturas diferentes, para así potenciar la concentración y propiciar que se generen estados espontáneos de meditación.
Gracias a estos estados de yoga más profundos somos capaces de comprender nuestra verdadera naturaleza. Nuestros sueños y nuestros miedos, nuestras reflexiones y nuestros impulsos, nuestras luces y nuestras sombras son revelados, como si de un mapa de nuestro alma se tratase. Es esta información la que nos permite continuar trabajando en nosotros mismos, convirtiéndonos en seres más sinceros, más valientes, más íntegros, más fuertes.
Esta fortaleza se cimienta en la confianza inquebrantable en uno mismo. Mysore y su sistema de auto práctica son un buen primer paso.
Próximos cursos de iniciación al ashtanga:
Madrid, 30 de Septiembre. City Yoga.
Más información: yagueyoga.com
