Doulas

Cada vez más mujeres asumen la aventura de ser mamás sin tener pareja. En los últimos años han pasado por mis clases varias alumnas embarazadas que no habían consolidado una relación sentimental; y una íntima amiga ha comenzado a buscar un bebé a través de técnicas de fecundación in vitro, cansada de esperar al hombre que aceptara hacer ese viaje con ella.
El ritmo de vida actual ha quebrado las redes naturales de apoyo entre mujeres en relación a la maternidad. El aumento de los desplazamientos entre ciudades y países por trabajo es otro de los principales factores que hace que la pareja esté alejada de su familia, o amigos más íntimos, cuando llega el momento de tener hijos.
Los nuevos modelos de familia hacen que pareja y mamás se enfrenten solas a la llegada de un bebé y que los referentes cercanos se pierdan dentro de un esquema social que infravalora la maternidad.
En apoyo a este proceso existe el Yoga para el embarazo, un desarrollo de esta disciplina enfocado a asistir a la mamá desde el momento de la concepción. Y es que traer a un nuevo ser al mundo requiere crear literalmente un nuevo espacio, el físico en el cuerpo de la mujer, el mental para ir asentando la idea de lo que está por venir y espacio dentro de la vida misma, porque está a punto de cambiar.
La práctica de yoga es un punto de partida perfecto, debido al impacto obvio del embarazo en la anatomía, se hace básico reaprender los movimientos, las posturas y en definitiva adaptar.
Además, el periodo de gestación lleva implícito un cúmulo de sentimientos profundos que pueden ser muy contradictorios. La inmensa alegría que supone la noticia, genera también emociones de temor, miedo al dolor, inseguridad respecto al futuro, a la capacidad de salir adelante y no siempre el ambiente es el idóneo para expresarlos. Todos estos aspectos se pueden trabajar también a través de la meditación, creando ese segundo espacio mental y emocional.
Tras el alumbramiento pueden emerger otras emociones como frustración por partos que no resultaron el momento emotivo y milagroso que se esperaba, ser víctimas de mala información antes y durante el mismo, sentimiento de indefensión, de maltrato por el empleo de prácticas agresivas contra la madre o el bebé relativos a cesáreas u otras intervenciones, depresión postparto y lactancias fracasadas. El yoga de nuevo acude en tu ayuda, te reconecta contigo, con tu centro y empiezas a recuperarte a todos los niveles de este trance pudiendo enfocarte en la siguiente etapa, la crianza.
Ser madre es una verdadera montaña rusa y en general, puede aparecer desconcierto por sentimientos que resultan difíciles de exteriorizar, porque parecen absolutamente ajenos a lo que nos enseña una sociedad cada vez más exigente con el papel de sus miembros femeninos, dejando a muchas mujeres sumidas en un estado de soledad silenciosa.
Pero no estamos solas. Presente en distintas sociedades desde hace milenios, la figura de la Doula resurge en occidente junto a otros grupos de apoyo, grupos de lactancia sobre todo, para reactivar esta red de soporte entre mujeres, recuperar la realidad de la maternidad como crisis vital y restablecer el espacio y posición que le corresponde.
Tradicionalmente estos conocimientos se transmitían de madres a hijas, o entre mujeres de la misma familia, del mismo pueblo, y no se referían sólo a la fisiología, sino a las necesidades emocionales, los distintos estados de ánimo, miedos, incertidumbres que conlleva esa nueva etapa.
Las Doulas son mujeres, en su mayoría madres, que acompañan a otras mujeres durante el camino a la maternidad. Su labor fundamental es dar soporte, tanto físico como emocional, durante el parto y las primeras fases de la crianza usando distintas técnicas, entre ellas el Yoga.
La doula no tiene una preparación académica específica, aunque cada vez más profesoras de Yoga, comadronas y enfermeras están asumiendo este papel complementando sus profesiones.
Su formación abarca conocimientos sobre fisiología del embarazo, parto, puerperio, puericultura, lactancia, anatomía y educación prenatal, pero lo más importante es la empatía, su propia experiencia como madre, para dar guía real a la embarazada.
Abogando por una sociedad más consciente del valor de la familia, poniendo atención al papel de la madre dentro de la pareja como base del futuro equilibrio emocional de hombres y mujeres, cuidar tu embarazo a través del yoga y la meditación, o acudir a una Doula para que acompañe en esa etapa, puede cambiar la percepción de la maternidad, haciéndola más llevadera y amable, dando respuesta a dudas, creando un entorno de confianza donde madres y padres se sientan arropados, mimados y cada vez más seguros.
En Aomm.tv encontrarás una magnífica selección de clases para embarazadas, que te serán muy útiles estés en el mes que estés.
Puedes consultar información en estas webs:
http://www.crianzanatural.com/art/art62.html
http://embarazoyparto.about.com/od/ElParto/a/La-Doula-Y-Doula-Posparto-Quien-Es-Y-Que-Hace.htm
http://www.elpartoesnuestro.es/blog/2013/12/16/ser-doula-que-es-una-doula
Pilates: Relajación y concentración
Muchos alumnos se sorprenden al descubrir que las clases de Pilates no son pasivas ni necesariamente “suaves”. El Método Pilates trabaja la fuerza y el tono muscular y puede implicar un esfuerzo intenso, sin embargo, entre sus beneficios se encuentra la capacidad para relajarnos y eliminar el estrés. ¿Quieres saber por qué?
Con frecuencia, antes de practicar Pilates, muchos alumnos tienen una idea preconcebida de lo que es y de los beneficios que aporta. En general, suelen creer que es una clase de estiramientos, o ejercicios de relajación. Me encanta tirar por tierra estos mitos y mostrarles que el Pilates es, ante todo, un trabajo de fuerza, pero orientado de tal manera que se trabaja sobre el tono de base del músculo y en elongación. Sin embargo, tienen razón cuando se acercan al Pilates buscando una herramienta para huir del estrés y la falta de concentración, de manera que, sí, podemos decir que el método Pilates resulta relajante. Pero… ¿Por qué exactamente? Si es un trabajo activo, con un movimiento exigente, con uso de nuestro propio peso como carga… ¿Es esto relajante?
Sí. Este entrenamiento produce un importante efecto sobre nuestro sistema emocional y nuestro estado mental porque requiere concentración. Se trata de una disciplina en la que va a desarrollarse especialmente la ‘propiocepción’: la capacidad de identificar el estado, movimiento, y actividad del propio cuerpo; por este motivo, nuestra mente va a tener que hacer un importante esfuerzo para focalizar y dirigir su atención completa al movimiento y las implicaciones que tiene sobre nuestra postura, nuestras sensaciones y nuestra respuesta muscular. De este modo, en la sesión de Pilates vamos a tener que dirigir nuestra atención a aspectos que se encuentran muy localizados ‘aquí y ahora’. Es un estupendo ejercicio para dejar la inercia de la multitarea y trabajar nuestra atención plena. Por eso el cuerpo se beneficia de un trabajo completo y consciente, mientras que nuestra mente se ocupa de acompañarlo para dirigir el movimiento y perfeccionarlo.
El movimiento, en Pilates, se centra especialmente en el control: se busca un movimiento eficiente que tenga su eje y su máxima estabilidad en la zona central o ‘core’ (faja abdominal). Los músculos de esta zona no se activan tanto con el movimiento sino con sensaciones y con desequilibrios (ya que son músculos estabilizadores). Por este motivo, las primeras lecciones de Pilates van orientadas a tomar conciencia de esta musculatura para saber incorporarla a nuestros ejercicios. Este descubrimiento de unos músculos que actúan de manera diferente y esta búsqueda de sensaciones para obtener estabilidad y control ocupan nuestra mente en un trabajo de atención que entrena nuestro cerebro para lograr esa concentración máxima con la que obtenemos, además, la relajación que buscamos.
