El cuello en las posturas de yoga
El cuello es como el termómetro del cuerpo. Gran parte de la tensión física y nerviosa tiende a acumularse ahí; me atrevería a decir que se puede medir cómo está una persona observando esta zona.
Prácticamente todo pasa a través de él concentrando funciones físicas y emociones: es atravesado por el sistema nervioso, el aire, el alimento, es donde se genera la voz…
Son muchos los factores que generan presión cervical, prácticas deportivas, mala postura durmiendo y gestos cotidianos incorrectos de los que en general no somos conscientes. Como resultado la curva natural del cuello puede llegar a disminuir, e incluso perderse y se refleja después en irritaciones nerviosas y dolores.
Las vértebras cervicales son muy frágiles y tienen una movilidad excepcional, es el área más vulnerable de la columna ya que sujeta el peso de la cabeza, mientras permite una rotación muy amplia de la misma. Entre las piezas vertebrales pasan todos los nervios que recorren el hombro y el brazo hasta la mano, cualquier desplazamiento cervical puede provocar dolor o incapacidad funcional en estas partes.
En la práctica del Yoga debemos poner especial atención en el cuidado del área cervical, tanto en las posturas de inversión como en las extensiones de columna hacia atrás, las que más lesiones pueden ocasionar a largo plazo.
Asanas Invertidas: Sarvangasana, Halasana, Sirsasana.
La inversión ejerce una fuerte presión en los discos intervertebrales, especialmente en las cervicales y las lumbares, donde se localizan con frecuencia los problemas de hernia discal. Para ser capaces de gestionar correctamente la fuerza de la gravedad y evitar sus posibles consecuencias negativas se necesita una buena actividad muscular, trabajar el concepto de “alineamiento” creando conciencia del eje central del cuerpo, eliminando así los pesos inútiles de la postura y presiones incorrectas. Esto se traduce en brazos y abdomen fuertes para crear espacios y simetría en los empujes, creciendo hacia la verticalidad en lugar de comprimir los discos.
Si no tienes el tono muscular idóneo, o padeces alguna dolencia, entonces usaremos soportes como mantas o la ayuda de la pared, la intención es “descargar”.
Extensiones: todas las posturas que implican apertura de pecho.
La tendencia de practicantes de todos los niveles, e incluso profesores, es a perder la alineación del cuello en estas asanas. La espalda se arquea hacia atrás buscando una placentera expansión del tórax y solemos mirar hacia arriba para potenciar la sensación.
Sin embargo, ese gesto rompe por completo el espacio entre la base del cuello y la base del cráneo creando muchísima presión en los discos a la vez que reducimos alargamiento. Hay que aclarar que una extensión correcta se concentra en la zona dorsal y no en la cervical; es mejor mantener la mirada siempre hacia adelante y que la cabeza acompañe sin perder nunca la conexión con los hombros para no hacernos daño.
El concepto de espacio es fundamental. Crear espacios entre hombros y cuello es una instrucción que no solo se aplica a la ejecución del asana, sino a las posturas que adoptamos diariamente.
Pautas sencillas como tratar de aflojar los hombros, hacer giros suaves con la cabeza para movilizar las articulaciones y hacer estiramientos básicos de esa musculatura pueden mejorar la salud del cuello, es tan sencillo como dedicarle cinco minutos al día en tu lugar de trabajo, en el gimnasio, o donde estés.
Observar y tomar conciencia de aquellos hábitos que van poniendo tensión de más y prestar atención al efecto que puede tener una corrección precisa se traducirá en menos carga, fortalecimiento y menos molestias.
¿El yoga hace a la gente más feliz?
Desde el principio de los tiempos, la humanidad ha sido impulsada por una simple pero compleja motivación: ser feliz. Pero, ¿qué significa la felicidad?
El diccionario de Oxford la define como “un sentimiento o muestra de placer o satisfacción”. Sin embargo, sabemos que la verdadera felicidad va más allá de una o dos risas de vez en cuando. Es un estado más sostenible de satisfacción y gratitud en nuestras vidas. Es despertar cada mañana sabiendo que hay un significado para comenzar un nuevo día.
¿Qué nos trae la felicidad?
¿Y exactamente qué es lo que nos hace sentir de esa manera? Bueno, es aquí cuando el concepto general de felicidad se complica aún más. Aún después de miles de estudios, los investigadores siguen tratando de encontrar el secreto de la felicidad. Y probablemente va a ser realmente difícil llegar a encontrar una guía perfectamente detallada, puesto que la felicidad es sobre todo una sensación subjetiva que está influenciada por muchos factores que cambian constantemente.
En el pasado, tal vez te hubieras sentido radiante después de haber cazado a ese gran mamut para alimentar a tu familia, o al ver el primer brote de la semilla plantada. Hoy en día, podemos conseguir todos los alimentos que necesitamos en un supermercado, así que tenemos que ser más creativos con el propósito que da sentido a nuestras vidas y nos hacen sentir felices.
Sin embargo, un estudio de Harvard sobre la felicidad hecho en el 2015, reveló algunos resultados interesantes acerca de las generalidades que satisfacen la vida de la mayoría de las personas. Después de examinar la clase de 1980, se presentaron tres sencillos consejos que sin importar el período de tiempo o lugar, cualquiera puede seguir para ser más feliz:
- Elige ser feliz con lo que sea que hagas.
- Fortalece tus relaciones más cercanas.
- Cuida de ti mismo, físicamente, financieramente y emocionalmente.
Suena más fácil de lo que realmente es, ¿no crees? La mayoría de nosotros ha experimentado descontento con lo que hacemos en algún momento; nuestras ocupadas vidas hacen que sea difícil mantener una estrecha relación con todas las personas que amamos; y para cuidar de nosotros mismos tenemos que hacer grandes esfuerzos. Lo cual nos lleva al punto principal de este artículo: ¿podría el yoga ayudarnos a seguir estas tres sugerencias hechas por el estudio de Harvard?
