El enemigo es el miedo

Vivimos una era convulsa. Se nos escapan todas las razones que algunas mañanas nos retienen en la cama con tal de no enfrentarnos al periódico. La violencia es tan penosamente familiar que ha perdido la capacidad de conmocionarnos, de hacernos saltar de la silla para cambiar las cosas. La saturación de imágenes violentas, de noticias de opresión y tiranía, de historias grotescas y a menudo desalmadas, ha llegado a convertirnos en seres pasivos e indiferentes que siguen los mismos pasos cada día hasta volver a la cama.
Ha sido así durante años, yo lo reconozco no sin pudor: puedo vivir mi vida sin luchar contra el hambre o la guerra. Sin embargo, un fantasma indeseable se ha instalado en nuestra comodidad: el fantasma del miedo al futuro. Lo más alarmante no es que no sepamos cómo echarlo de nuestra casa; es que no sabemos enfrentarnos a él porque no sabemos qué cara tiene. El miedo se impone como una herramienta de control despiadada que ataca a la verdad. Dondequiera que nos encontremos, el terrorismo acota los senderos de la libertad.
Hoy como nunca, se hace vital dotar a la palabra “yoga” de un significado más profundo que la mera práctica de Asana si se quiere trascender su importancia a la vida diaria. Quizás porque la auténtica enseñanza del yoga está fuera de la esterilla, hay que vivir con coraje y compasión. Ofreciendo la experiencia de nuestra práctica como el mejor fruto a los demás; actuando solos no podemos cambiar las cosas. Es totalmente posible resolver los problemas del mundo usando los ojos del yoga, ya que con ellos siempre veremos con discernimiento. La humanidad aspira a actuar como una familia, como un sólo ser. Por eso, cuando entro en una clase de yoga, no veo alumnos sino practicantes por la paz. Al inhalar, somos conscientes de que el amor destierra al miedo. Al exhalar, somos conscientes de que en nuestro país habita el odio y la ira. Al inhalar, recordamos que las personas que sufren son nuestro propio ser. Al exhalar, recordamos que ya hemos empezado a cambiar las cosas. Al hacerlo durante varios minutos volvemos a la realidad de nuestro cuerpo. La energía de la atención nos ayuda a reconocer la pena que hay detrás de cualquier miedo, a abrazarlo con ternura y aceptar que con independencia de las circunstancias, el ser humano viene de una sola fuente.
En este instante calmemos el miedo y la ira en nuestros corazones. Pongamos en su lugar la lucidez y la comprensión. Todos somos víctimas del miedo. La tierra es nuestro único hogar, el hogar de todos. Ahora que lo sabemos, que el miedo es el enemigo, es el momento de expresar un profundo deseo de paz y reconciliación. Ante el miedo, camina, habla y escucha en paz.
¿Qué es Ashtanga Yoga?
El Ashtanga yoga es un sistema con una reputación un tanto aterradora, procedente posiblemente de errores de interpretación. A pesar de su nivel de exigencia y rigor, no es exclusivo del sano, el fuerte y el joven. De hecho, la postura en ashtanga no es más que un aspecto de la práctica, no el fin de la misma.
En este artículo repasamos los componentes que definen esta disciplina, que va más allá de la mera expresión física del asana.
El Ashtanga, disciplina antigua que fue difundida de forma masiva por el maestro Sri K. Pattabhi Jois desde su pequeña escuela de yoga en Mysore, en el sur de India, tiene como rasgo esencial una combinación específica de movimiento y respiración llamada vinyasa. Esta armonización de postura y respiración calienta la sangre y promueve su circulación por el cuerpo, irrigando las articulaciones y purificando los órganos internos. Las impurezas son expulsadas a través del abundante sudor que se genera en la práctica.
Los tres elementos básicos de la práctica.
Al vinyasa correcto se une la mirada (dristhi), de tal forma que cada postura define una mirada (por ejemplo, a los pies, el ombligo o los dedos de las manos) y un patrón concreto de respiración.
La combinación de movimiento, respiración y mirada es llamada Tristhana, la cual restaura el bienestar y estabilidad de cuerpo, sistema nervioso y mente.
Más allá de los beneficios físicos, el método tristhana sienta las bases para que surjan estados espontáneos de meditación, gracias a los cuales podemos vernos bajo una luz distinta.
Una práctica de yoga establecida a lo largo de los años trabaja de forma constante en la limpieza de los órganos de los sentidos (indriyas), de tal forma que nuestra percepción va siendo más clara, menos sesgada, y nuestra capacidad de decisión se agudiza y alinea con esta nueva realidad a la que comenzamos a acceder, ajena a nuestras fabricaciones, patrones y juicios mentales.
Gracias a la concentración y claridad mentales cultivadas en el método tristhana nuestra práctica pasa de física a espiritual (sadhana), promoviendo claridad, devoción y estudio de uno mismo, y permitiendo que nos erijamos como individuos más estables, centrados y libres. Esta es la verdadera magia del yoga, en este caso, del ashtanga. Con o sin pierna detrás de la cabeza.
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