Limpia tus vínculos

Limpia tus vínculos

Vueltas y vueltas a la maquinaria de la mente pensante. Pensamiento. Acción. Más pensamientos. Más acción. ¿Hacia dónde vamos? La vorágine diaria tiene hambre. El estilo de vida nos devora y convierte en esclavos. ¿Para qué hacer posturas imposibles y sentarnos en inmovilidad de loto?

Todo es yoga. Todo es meditación. Solo que no nos damos cuenta. Estamos enredados y separados. ¿Qué hace el yogui y el meditador? Para, observa, despeja el enredo y conecta con una perspectiva más real y amplia. ¿Hacia dónde? Hacia una vida mejor.

¿De qué sirve la práctica de yoga y meditación si no es para aplicarla a la vida? Vivir mejor no es estar colgado de una rama de un árbol esperando a que un ángel caiga del cielo. Vivir mejor no es que nada nos afecte porque todo se acepte. Vivir mejor es ir, de verdad, a favor de uno mismo.

Elena se sentía sometida por su jefe. No recordaba cuándo y cómo empezó todo. Las reiteradas faltas de respeto minaron su seguridad y autoestima. Se metió en una nube gris donde trabajaba en modo caricatura. Las humillaciones reiteradas eran cada vez más frecuentes. Esa tarde el tono subió al máximo y el gesto era más que desagradable. Elena no podía más. Se retiró. Era la primera vez que no se quedaba hasta sentirse felpudo o culpable. Una huída útil. Por supervivencia y dignidad.

No quería anestesiarse a base de vinos a la salida del trabajo. Quería mirar el problema. Tratarlo y resolverlo. No más justificaciones. Que si no tengo tiempo. Que si me absorve el trabajo. Que si estoy saturada de responsabilidades. Que si ésto. Que si aquéllo. Recuperarse. Era eso lo que necesitaba. Volver a ser ella misma.

Se metió en un despacho a puerta cerrada. Se dió de alta en esa Escuela Virtual de Yoga y Meditación de la que tanto le había hablado una amiga. Entró en una clase de Meditación Guiada para la vida cotidiana. Limpia tus vínculos. Tenía por título. Pulsó la tecla play.

Coloca 2 sillas enfrente una de la otra. Siéntate en una de ellas. Visualiza a esa persona con la que tienes un conflicto delante de ti sentad@ en la otra silla. Cerca. Apenas estáis separados unos centímetros por las rodillas. Percibe las sensaciones físicas de tu cuerpo. ¿Qué sientes? ¿Cuál es la parte de tu cuerpo que se hace más presente?
Para. Siente. Respira. Lleva la atención a la respiración y al cuerpo. Nada más que hacer. Nada menos.Entonces sintió cómo su cara se contraía. En especial la boca. Sus labios apretados y la lengua tensa se retorcían. Estaba presa en una mordaza.

Visualiza el vínculo que te une a esa persona. De qué parte de tu cuerpo sale y a qué parte de su cuerpo llega. ¿Qué forma tiene el vínculo? ¿De qué color es? ¿De qué material está hecho? Siéntelo.
Ahora, levántate y con los ojos entreabiertos das tres vueltas alrededor de la silla de enfrente donde está sentada esa persona. ¿Qué sientes? ¿Cómo caminas? ¿Qué expresa tu cuerpo? Date cuenta de tu gesto y forma de andar.
Para de pie delante de esa persona en la silla. Imagina que llega a tu mano una herramienta para cortar ese vínculo. Corta el vínculo. Corta tantas veces como necesites hasta notar que una parte del vínculo te corresponde a ti y se queda contigo y, otra parte, le corresponde a la otra persona y se va con ella.
Da otras tres vueltas, en sentido contrario al anterior, alrededor de esa persona sentada en la silla. Y siente. ¿Qué sientes?Sintió su cara fresca y resplandeciente. Una sonrisa apareció en su rostro. Sintió libertad, confianza y seguridad.

Elena practicó esta propuesta durante tres semanas seguidas por lo menos una vez al día. Tomó anotaciones de las sensaciones sentidas en un cuardeno. Hace daño no expresar lo que se vive y lo que se necesita. Comenzó a darse cuenta de muchas cosas relativas a esa relación y también a otras.

Al cabo de las tres semanas se encontraba más fuerte y posicionada. El paisaje de nubes se convirtió en un potente día soleado. Ya no era caricatura sino real. Las humillaciones pararon. No más faltas de respeto. Se había quitado la mordaza.


 

Marta Pato

Psicóloga. Psicoterapeuta humanista y transpersonal. Formadora de grupos en desarrollo personal y organizacional. Experta en inteligencia emocional. Intervención terapéutica en procesos de duelo. PNL e hipnosis ericksoniana. Proceso Hoffman. Técnicas de respiración. Focusing sensación sentida. Vipassana, Za-Zen, Mindfulness, Ho’oponopono. TIC® -Técnicas de Integración Cerebral. EFT-liberación emocional. Técnicas un ojo por vez. Gafas hemisféricas. Consultora especializada comunicación, liderazgo, gestión de cambio y habilidades directivas. Artículos y conferencias.


 



Ornamentos del yoga 2: Los malas

El Mala es un collar de cuentas redondas talladas, anudadas por hilos y con un penacho en el punto de unión.

Su nombre completo en sánscrito es Yapa Mala, la palabra “yapa” quiere decir orar en voz baja, o murmurar oraciones. Es un elemento religioso que se utiliza para recitar mantras, o evocar el nombre de una deidad tanto en el hinduismo como en el budismo.

Principalmente se emplea madera de tulasi o sándalo para su fabricación, pero no es algo estricto y también los hay de maderas de otros árboles, en incluso materiales diferentes como las gemas, o las resinas.

Sus 108 cuentas están relacionadas con un juego matemático sobre la simbología sagrada en torno al número 3. Precisamente esta es la mayor diferencia con respecto a los Kuntis, el tipo de collar del que hablaba en mi primer post sobre ornamentos en el yoga, lo puedes leer aquí.

Los kuntis no tienen un número definido de piezas, estas no están talladas, solo se fabrican con el arbusto tulasi y no se reza con ellos, sino que tienen un valor sagrado por sí mismos y el hecho de llevarlos.

Por el contrario, el Mala viene a ser el equivalente a un rosario en el cristianismo. Cada cuenta lleva tallado uno de los 108 nombres del dios Visnú, creador, preservador y destructor del universo. Se emplea para entonar mantras u orar a un dios e, igual que el rosario, se va tocando una cuenta cada vez para pasar por las ciento ocho y marcar un orden; se empieza por la primera junto al penacho y se acaba en él.

En el Budismo los Malas se emplean con el mismo fin oratorio pero varían en estética, ya que las cuentas son de diferentes materiales, tienen tres divisiones claras marcadas por borlas más grandes y en lugar de penacho a veces hay una borla mayor seguida de otras más pequeñas que cuelgan. Pero sobre todo varía el significado; las 108 cuentas responden a diferentes interpretaciones relacionadas con aspectos de Buda.

Ahora es frecuente ver a profesores de yoga y a alumnos llevando Malas en las clases y como adorno en la vida diaria. Lo cierto es que son muy bonitos por sus variados diseños y colores, pero hay que tener presente que no es un abalorio común, sino una efectiva herramienta para la meditación.

Preferencias religiosas aparte, este rosario de Asia puede ser usado para la oración del mantra que más te guste, o rezos de cualquier tradición religiosa. Te ayudará a concentrarte y a mantener el foco mental en el sonido cada vez que necesites apaciguar tu mente y serenar tu alma.

Namaste.

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