¿Qué ocurre cuando te olvidas de ti?

Recuerdo varias ocasiones en mi vida en las que me olvidé de ser yo. Cambié mi piel y mi alma de Noelia por la piel y el alma de una desconocida. Ocurre de a poco y, sin embargo, hay síntomas que no podemos dejar de advertir:
1) Leve malestar indefinido que cada día acrecienta su intensidad y late intermitente en distintas partes de cuerpo y alma.
2) Pérdida de brillo. El polvo mágico de tus sueños se desprende a tu paso y se convierte en simple polvo gris a tus pies.
3) Cambios en la música de tu corazón: si latía al ritmo de jazz ahora baila bachata y si iba al ritmo de rock & roll entra en ópera sin previo aviso desajustando tu armonía interior.
4) Dudas. Tu mirada está empañada por sueños y pensamientos de otros y cuando sientes, piensas, hablas y actúas no sabes quién está realmente ahí detrás.
5) Nostalgia. Momentos de breve inspiración y luminosidad en los que recuerdas quién eres de verdad, qué te gusta a rabiar, qué te arranca una sincera sonrisa y te hace vibrar.
6) Resistencia: patalearás, llorarás, te enfadarás y tratarás de mostrárselo a los demás: “¡eh! Esta persona soy yo ¿la ves?” Lamentablemente los otros no siempre comprenderán lo que quieres decir…O nunca vieron a esa persona que tratas de mostrarles o, si la vieron, ya no la recuerdan.
7) El color del mundo. Aparece primero en el espejo, luego en tu calle, los árboles, la gente, tu casa…Hasta que te olvidas de que existen más colores que ese apagado gris.
8) Depresión, melancolía, la terrible certidumbre de qué algo no funciona, muerte en vida, sinsentido y pérdida definitiva y terrible de tu identidad.
Ecntonces ¿qué puedo hacer?
Si te has escuchado atentamente, has reconocido los síntomas y comienzas a ser consciente de que tu increíble y maravillosa persona está desapareciendo ¡enhorabuena! Estás en el camino…
Las preguntas son poderosas y algunas pueden ayudarte a ampliar tu visión y facilitarte el reencuentro contigo:
¿Qué es lo que realmente te hace feliz y en qué medida sigue presente en tu vida?¿Por qué cosas lo has sustituido?¿Cómo te hacen sentir esas nuevas cosas? ¿Para qué o para quién has dejado de ser, sentir, hablar y actuar como realmente te gustaría?¿Qué cosas te dices a ti mismo que te limitan?, etc.
Y… ¡Acción!
Ayúdate de papel y lápiz para responder a tus auto-preguntas de redescubrimiento, luego elabora un plan de acción ¿Qué cosas puedes hacer que te acerquen de nuevo al bienestar de vivir acorde a tu ser? Haz una lista con todas ellas y recuerda que el camino más largo empieza con un primer paso.
Gran abrazo de osa y ¡sonríe!
Tips para facilitar tu práctica
A veces, la práctica de yoga, y creo que es algo que a todos los no ha pasado en algún momento, puede resultar frustrante. Porque nos duele la espalda o el cuello en ciertas posturas o movimientos, porque nos falta flexibilidad o fuerza, porque no somos capaces de hacer las asanas que nos gustaría, porque nos cuesta coordinar la respiración con el movimiento… Sufrir o estar incómodos durante la práctica puede frustrarnos y llevarnos a pensar que el yoga no es para nosotros.
Por eso, en este post quiero compartir con vosotros todas esas modificaciones, recursos y hasta trucos que yo he ido adoptando desde que empecé a practicar yoga. Porque, por supuesto, a los profesores también nos ocurre. Cada cuerpo, cada mente, cada estructura ósea, muscular o articular es un mundo, cada forma física y estado de salud también, y debemos respetarlo para poder convertir el yoga en una práctica agradable y beneficiosa para nosotros.
Por eso, el primer consejo que quiero daros, y que ya habréis escuchado muchas veces, es no compararos nunca con nadie. La competición es un concepto carente de sentido en el yoga. Ni siquiera contigo mismo. Haciendo yoga hay que sentir, disfrutar y por supuesto, avanzar, pero nunca sufrir o forzarnos a hacer cosas que no son ni aptas ni buenas para nuestro cuerpo. Tampoco debe darnos ningún tipo de vergüenza no poder hacer una postura, optar por opciones más sencillas o, simplemente, descansar si lo necesitamos. A los profesores también nos ocurre.
En cuanto a los aspectos prácticos, vamos a ir parándonos en todo aquello que puede ayudaros a facilitar vuestra práctica:
La postura
Mucha gente decide hacer yoga porque sufre dolores crónicos de espalda y porque siente que el sedentarismo está haciendo huella en su cuerpo y en su salud. Normalmente, esto conlleva tener un tono muscular muy bajo y una escasa conciencia corporal, lo que hace que nosotros mismos tengamos “desactivados” músculos esenciales para nuestra postura a perjuicio de otros que asumen demasiadas tareas. Como los glúteos. Son los músculos más grandes y fuertes del cuerpo pero también los más perezosos. Si no eres consciente de su activación, puede que otros músculos tengan que acabar haciendo su trabajo, lo que creará desequilibrios en tu cuerpo y, finalmente, patologías. Por eso es tan importante prestar mucha atención a nuestro cuerpo, ser conscientes de cómo es nuestra postura y de los músculos que debemos activar durante la práctica. Los profesores siempre dan indicaciones posturales en las clases. Síguelas siempre pero, además, mi consejo es que no dejes de chequear tu postura en cada asana durante la práctica. Además, activar tu musculatura de forma consciente hará que se impliquen muchas más fibras musculares y que te resulte más fácil sobrellevar el esfuerzo físico que supone la práctica.
Flexiona las piernas
Al subir y bajar de tadasana, sobre todo al hacer los Saludos al Sol o practicar estilos como Vinyasa, puede dolernos la espalda. Algo que a mí me ocurría mucho al principio. Por eso os recomiendo que mantengáis una ligera flexión de piernas y que cuando os incorporéis y estéis de pie, mantengáis activos vuestros glúteos y vuestra faja abdominal (os ayudará llevar el ombligo hacia dentro y hacia arriba y alargar los costados). Y lo mismo cuando estéis en posiciones como Uttanasana, con la cabeza y la espalda hacia abajo: flexionad las piernas todo lo que necesitéis e incluso apoyad los antebrazos en los muslos o las manos en las rodillas para evitar el dolor en la espalda. Mantener los pies al ancho de la cadera durante vuestra práctica (obligatorio si estáis embarazadas) también os ayudará a repartir mejor el peso del cuerpo y no sobrecargar la espalda.
