Savasana, la postura más fácil de hacer…

Y la más difícil de dominar. Savasana.
Savasana es la postura con la que finalizamos la sesión de yoga físico (hatha, ashtanga, iyengar, vinyasa…). E incluso se podría decir que todas las posturas anteriores a Savasana culminan aquí, desde donde todo cobra sentido.
Precisamente por eso es la postura más importante. Es preciso que permanezcamos atentos en su ejecución para que sea posible integrar todo lo que ha sucedido durante la sesión a nivel externo e interno.
Tumbados boca arriba lo primero que tenemos que hacer es suavizar el cuerpo y escuchar con atención la llamada que la fuerza de la gravedad ejerce sobre nosotros. Una acción que nos permite aflojarnos y soltarnos por completo de forma que su energía nos soporte y nos alimente. Mientras nosotros recorremos mentalmente nuestro cuerpo liberando cualquier punto de tensión, la energía que hemos generado a lo largo de las posturas a través de aumento del riego sanguíneo y del aporte de oxígeno a través de la respiración, se va integrando de forma efectiva en nosotros. La respiración por su parte se va haciendo más suave y tiene acceso a los espacios que se han creado durante la práctica.
La relajación a nivel físico tiene su reflejo a un nivel mucho más profundo que tiene que ver con las sensaciones internas, pensamientos, sentimientos, emociones. Desde la calma es posible que asistamos como testigos al despliegue de todo ese mundo interior sin involucrarnos en lo que está sucediendo. Se inicia así una desprogramación a nivel subconsciente que sólo es posible que suceda si nos dejamos llevar.
La capacidad para soltar el control que ejercemos sobre el cuerpo y la mente, muchas veces manifestada desde el subconsciente (tensión en la espalda, en la mandíbula, en los músculos que rodean los ojos, reacción ante situaciones cotidianas que nos arrastran sin darnos cuenta), es algo que cultivamos durante Savasana y que nos acompaña cuando finaliza la práctica.
Cuando salgas de Savasana lleva a la atención a mantener sus efectos durante el resto del día. Sé más consciente de qué partes del cuerpo acumulan tensión innecesaria, nota cómo aflojando los músculos de la cara liberas tensión de forma inmediata, siente cómo volver a una respiración fluida y consciente puede cambiar un estado de ánimo, alejar un miedo y devolverte a un estado de calma interior….De esta forma permitirás que la magia del yoga, se manifieste en su totalidad.
La intención en la práctica del Yoga
Los seres humanos somos por definición “empíricos”, basamos nuestro día a día en la experiencia para aprender, evolucionar, relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. El plano mental es el predominante, todo pasa primero por el intelecto y usamos la razón como filtro para desenvolvernos en la vida.
El camino del yoga nos insta a la búsqueda de una existencia más equilibrada en la que cuerpo, mente y sentimiento conviven en conciencia y armonía. Los objetivos del yoga pueden variar temporalmente a medida que avanzamos en el aprendizaje de esta disciplina, pero el camino tiene una única dirección, “la realización del ser”.
La práctica de asanas despliega ante nosotros un repertorio infinito de posibilidades en el aprendizaje. Para ir más allá de la vivencia física, está además la intención que le otorgamos al ejercicio del yoga, el propósito tras la postura.
Lo que sucede sobre la esterilla trasciende al plano vital y nos sirve de espejo. Allá donde ganamos flexibilidad, un área de la vida se flexibiliza también, allí donde encontramos rigidez se pone de manifiesto un bloqueo mental, aquello que nos desafía físicamente fortalece profundamente nuestra personalidad…
A veces, el foco de una práctica surge de forma intuitiva y espontánea, pero por lo general es algo que podemos trabajar intencionadamente.
Foco físico-mental:
El yoga puede estar dirigido a obtener beneficios meramente físicos y esa es sin duda una forma de empezar, por ejemplo: mejorar la apertura en las caderas, ganar agilidad, tener mayor elasticidad en las piernas, o desarrollar el equilibrio.
Cualquiera de estos aspectos se trabaja mentalmente en paralelo, incluso si no se es consciente de ello; progresivamente dará sus frutos aumentando la percepción de los que somos y del mundo en el que vivimos. La conciencia irá emergiendo a su debido tiempo.
Foco emocional-espiritual:
Hay múltiples maneras de canalizar un objetivo u emoción durante la práctica de yoga favoreciendo el hecho de estar presentes en lo que hacemos y sentimos. A medida que la comunicación con el cuerpo está más despierta afloran sentimientos como el amor, la compasión, o la paz interior, emociones que pueden guiarnos a través de la ejecución de posturas. También podemos deshacer emociones como la ira, o aliviar la tristeza, ayudando a canalizarlas y finalmente a soltarlas del todo.
Las emociones positivas se potencian irradiando nuestro ser y a todo lo que nos rodea.
Dale intención a tu yoga, despierta tu sensibilidad y escúchate, crece desde tu cuerpo hacia tu interior y después de nuevo hacia afuera, en infinita expansión del ser de luz que eres.
Te recomendamos la clase de Heidy Toledo ‘Atención e intención en las transiciones’ para profundizar en la introducción de la intención en la práctica de Vinyasa yoga
Namaste.
