Cómo elegir una clase de yoga en función de su estilo

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Cómo elegir una clase de yoga en función de su estilo


Por: Gaia |  Feb. 10, 2014

¿Alguna vez te has preguntado qué diferencia hay entre Kundalini Yoga y Hatha Yoga? ¿O en qué consiste el Yoga dinámico o qué es un vinyasa? Si te ocurre que te sitúas delante del buscador de clases y no sabes cual elegir porque no sabes en qué consiste cada uno de los estilos, este post es para ti. En el te ayudaremos a elegir una clase en función del estilo al que pertenece.

Vinyasa Flow. Conocido también como vinyasa, que quiere decir colocar las cosas de una manera especial. En Yoga Flow se realizan secuencias de posturas que se ligan entre si mediante transiciones o movimientos guiados por la respiración. Este cómo se pasa de una postura a otra es muy relevante. No son secuencias fijas sino que las posturas varían en función del objetivo que se quiera lograr. El vinyasa nos enseña a encontrar la inmovilidad y la calma en la propia conciencia. A mantener la concentración en el movimiento del cuerpo y su fusión con la respiración, que es en último término, quien gobierna la práctica.

Yin Yoga. En el cuerpo humano los conceptos taoístas del yin y el yang también están presentes. El yang corresponde a los músculos, tendones y a su movimiento. Y el yin a los huesos, ligamentos y la quietud. En el Yin Yoga se practican posturas relativamente sencillas mantenidas durante largo tiempo (varios minutos), con lo que se consigue reducir la tensión, ansiedad y estrés. La práctica del Yin Yoga se concentra en la apertura de pelvis y cadera, en el estiramiento de rodillas y columna; se trabaja por medio de la relajación y el uso natural de la fuerza de la gravedad.

Kundalini Yoga. A través de kriyas (series de posturas), meditaciones activas y plena consciencia en la respiración experimentamos un bienestar en general y una reconexión con nuestra propia escucha y sensibilidad. Uno de los elementos que hacen del Kundalini yoga diferente a otros sistemas yóguicos es que conserva intacta buena parte de la estructura y filosofía tántrica. Considera cuerpo, mente y espíritu como aspectos inseparables del ser humano. Todo ello se experimenta con fuerza y lucidez al practicar Kundalini Yoga. Es un yoga dinámico, perfecto para los tiempos que corren ya que combina las posturas estáticas del Yoga tradicional con una gran cantidad de ejercicios en movimiento. Por lo que te gustará tanto si quieres relajarte como si lo que prefieres es moverte.

Yoga dinámico. El método Yoga dinámico se basa en una práctica guiada  por las sensaciones percibidas en músculos y articulaciones, así como en acompasar los movimientos con la respiración. Esta es una de sus características distintivas porque aunque se realizan asanas estáticas, la clave son los ulolas: combinaciones de posturas enlazadas al ritmo de la respiración. Es importante reseñar que las inhalaciones y las exhalaciones se producen con total libertad, son completamente espontáneas y no controladas o guiadas en ningún momento. De modo que el ritmo natural de la respiración es el que guía el cambio entre postura y postura. Eso produce una sensación única y muy especial porque se conjuga armónicamente el trabajo corporal con el meditativo.

Hatha Yoga. Es el Yoga de la fortaleza y armonía del cuerpo. El principal objetivo del Hatha Yoga es conseguir armonizar el cuerpo físico, la mente y la energía vital o prana. Para ello se sirve de poderosas herramientas: secuencias de asanas o posturas mantenidas en la inmovilidad, pranayama o técnicas de control de la energía vital a través de la respiración, bandhas o cierres energéticos, mudras o gestos, meditación… En el Hatha Yoga se comienza disciplinando el cuerpo, para indirectamente sosegar la mente. Este entrenamiento disciplinado siempre debe abordarse desde una escucha atenta y respetuosa a nuestro propio cuerpo y sus limitaciones.

Anusara Yoga. Anusara significa “fluir con la gracia” “seguir al corazón”. Es una práctica especialmente bella y profunda, cuya base filosófica es la creencia de la bondad en todos los seres, y la perfección divina en cada una de sus partes: cuerpo, mente y espíritu. En una práctica de Anusara, los movimientos y las posturas se coordinan con la respiración, y son orientados al corazón, partiendo de una intencionalidad llena de significado.

Pilates. El método Pilates es un conjunto de ejercicios pensados para trabajar la corrección postural, la fuerza, la elasticidad musculas y la flexibilidad sin lesionarse. Es un método especialmente eficaz para proteger la columna vertebral y específicamente la zona lumbar debido al énfasis que pone en el trabajo abdominal profundo. Además la práctica habitual de Pilates desarrolla la atención, la coordinación y mejora el conocimiento del propio cuerpo.

Pranayama. Son técnicas respiratorias yóguicas cuya finalidad última es el control de la energía vital o prana en el organismo. El proceso respiratorio consta de 3 fases: inspiración, espiración y retención que puede ser con los pulmones llenos o vacíos. Con la práctica de pranayama vamos desarrollando y profundizando nuestra capacidad respiratoria, lo que trae múltiples beneficios: purifica la sangre, elimina toxinas, aumenta la cantidad de oxígeno en sangre, desarrolla la capacidad pulmonar…

Si quieres descubrir éstos estilos de Yoga y otros y practicar desde tu casa, encuéntralos en  Gaia.



Ashtanga yoga: Vuelta a lo Esencial

Ashtanga yoga: Vuelta a lo Esencial

Hace 6 años comencé a practicar yoga. Empecé con estilos suaves, tipo Hatha, después con otros más precisos, como Iyengar, y pasados unos meses, con power yoga. Este último me hizo descubrir el Ashtanga. Si bien dinámico, me pareció un estilo demasiado rígido, donde apenas se dejaba espacio a la creatividad. Continué practicando estilos más libres, como Vinyasa, y a los pocos meses volví a aparecer por una clase de Ashtanga por pura conveniencia de horarios.

Esa noche, ya en la cama, noté una revolución interior. Una corriente de energía me subía desde el dedo pulgar del pie por toda la pierna, formando un eje perfecto. La profesora ese día había puesto mucho énfasis en el enraizamiento desde el pulgar. Estaba inquieta, tardé en dormirme. Una vez dormida, tuve muchísimos sueños, de los que no recuerdo ninguno.
Al levantarme, resplandecía. Nunca había experimentado nada igual.

A partir de ese momento me hice asídua del Ashtanga. Comencé a practicar 2-3 veces por semana. Mi interés se incrementó de tal forma que en dos meses estaba practicando a diario antes de ir a trabajar.

El paso siguiente fue la autopráctica, el llamado estilo Mysore, donde los alumnos siguen la secuencia a su propio ritmo, adaptada a su nivel. A pesar de mis prejuicios iniciales, esta forma de enseñanza dio una nueva dimensión a mi práctica. Al no tener que prestar atención a las instrucciones constantes de un profesor, la autopráctica me permitió enfocarme completamente en mí, en mi experiencia física, mental y emocional en cada asana. El profesor me ayudaba y corregía cuando era oportuno mientras yo seguía fluyendo a lo largo de la secuencia de posturas. Cuando terminé estaba completamente cubierta en sudor, con una sensación de alegría y liberación que jamás había sentido.

Poco a poco he ido comprendiendo por qué el yoga es considerado una herramienta de exploración y transformación. El despertar de la consciencia es obvio a nivel físico, ya que necesitas enfocar la atención en diferentes partes del cuerpo que antes tratabas como un todo. Más sutil e interesante es el despertar energético: cómo una respiración consciente y profunda es la vía para descubrir y dirigir la energía.

La respiración condiciona el cuerpo y origina el movimiento, permitiendo la práctica física. Al mismo tiempo, proporciona quietud y calma mentales, lo que hace aflorar nuestros patrones de pensamiento, creencias y cómo estos afectan a nuestro comportamiento, dentro y fuera de la clase.

Las asanas no son más que herramientas que nos permiten descubrir quienes creemos ser y nos ayudan a redefinirnos, a desechar lo que no nos sirve para dejar espacio a lo nuevo . El yoga es una metáfora, una metáfora de nuestra vida, y tiene el germen de la transformación en sí: la respiración.

Las más notable Evolución pasa por la Vuelta a lo Esencial

 

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