La alimentación durante el otoño

La alimentación durante el otoño

Ha llegado el otoño, y con él la lluvia y el viento. Los árboles cambian de color brindándonos hermosos paisajes con coloridos bosques bajo un cielo gris plomizo. Poco a poco se irán desnudando para con sus hojas servir de protección a la tierra contra el frío que se avecina. Las aves comienzan su migración hacia lugares más cálidos donde pasar el invierno. Los animales se preparan para el invierno abasteciéndose de comida, buscando un lugar donde guarecerse o mudando su pelaje que les servirá de abrigo.

Todo en la naturaleza invita al recogimiento y la interiorización. Nosotros, humanos, aunque vivimos en modernos edificios con aire acondicionado y calefacción que nos enfrían en verano y nos calientan en invierno, también debemos recibir al otoño en nuestro cuerpo y nuestra mente, aceptar el cambio de estación y darle la bienvenida como se merece.

Al igual que la savia de los árboles desciende por sus ramas y su tronco para concentrarse y ser almacenada, preparándose para renacer en la siguiente primavera, así nosotros debemos brindarnos el tiempo de replegarnos, en actitud meditativa, cosechar los frutos de las experiencias vividas durante el verano y preparar la venida del oscuro invierno.

Las tardes lluviosas invitan a una buena lectura junto al calor del hogar, o a una charla relajada compartiendo una taza de té.

También se producen cambios en nuestras apetencias en lo que a alimentación se refiere. Se acabó el tiempo en que apetecía una ensalada fresca o un buen gazpacho. Ahora nuestro cuerpo nos pide lo que necesita: alimentos para el otoño cuya energía ayuda a interiorizar, calentar y relajar.

Es aconsejable comer menos ensaladas y bebidas frías y fruta, e incrementar el consumo de sopas, cereales, leguminosas y verduras de la estación, aderezado con especias como el jengibre, clavo, canela o hierbas aromáticas secas. Comenzamos a utilizar cocciones lentas que nos calentarán y reforzarán; también es aconsejable cocinar al vapor o en olla a presión.

El sabor estrella del otoño es el dulce; el dulce natural, no el azúcar y los pasteles. En estos meses es importante nutrirnos con alimentos dulces naturales. Podemos utilizar pequeñas cantidades de melaza para complementar platos. Alimentos cuyo sabor natural es el dulce son: arroz, avena, mijo, patatas, calabaza, boniato, zanahoria, frutas y frutos secos, garbanzos y lentejas, etc.

Ahora es época de cosechar, podemos encontrar gran variedad de frutas y verduras de la estación en nuestra despensa: calabazas, cebollas, nabos, calabacines, coles, manzanas, peras, melocotones, moras… Podemos hacer conservas y compotas o mermeladas y hacer acopio de reservas para el invierno. Además tomar la fruta cocinada es más apropiado para esta estación que comerla cruda.

Sopa de verduras y cochayuyo

El alga cochayuyo es poco conocida en nuestro país, aunque se puede encontrar en herbolarios y tiendas de productos ecológicos. Tiene un sabor suave y delicioso y es una gran fuente de calcio, magnesio, y otros minerales y oligoelementos.

Ingredientes:

• Alga cochayuyo
• Cebolla, ajo, patata, calabaza, repollo, coliflor, calabacin, nabo, boniato, o cualquier otra verdura de la estación.
• Aceite de oliva virgen
• Sal o caldo vegetal
• Tomillo seco
• Polvo de setas deshidratadas.

En una cazuela de barro con un fondo de aceite, rehoga la cebolla, el ajo, y el cochayuyo. Ve añadiendo poco a poco la patata, calabaza y las demás verduras troceado en piezas pequeñas e irregulares. Cuando tengas todas las verduras, rehoga 5 minutos más. Después añade el agua que deberás haber calentado previamente para evitar que se rompa el barro. Sazona al gusto, añade el tomillo y una pastilla de caldo vegetal de calidad, o todavía mejor, una cucharada de setas trituradas. Deja cocer a fuego lento, tapado durante 20 minutos o hasta que la verdura esté tierna. Esta sopa acepta todo tipo de variantes, puedes añadir cereales, leguminosas, usar las verduras que tengas en ese momento, añadir un poco de salsa de tomate, jengibre, etc.

¡Que aproveche!

 



¿Proteína o carbohidrato?

Con el título de hoy no pretendemos poner al lector en la tesitura de elegir entre comer un sabroso bistec o un delicioso plato de pasta, sino señalar la importancia de separar la ingestión de dichos alimentos en las comidas.

O comemos carne o pasta, pero no espaguetis con salsa boloñesa. Es un hecho comprobado científicamente que para digerir cualquier proteína de origen animal, el estómago debe secretar una enzima digestiva llamada pepsina, la cual solo puede funcionar eficientemente en un medio ácido, y esto es necesario durante varias horas, hasta que el alimento ha sido digerido completamente, y el bolo alimenticio ha abandonado el estómago, siguiendo su camino hacia el intestino.

También está demostrado que para digerir cualquier hidrato de carbono o fécula, se necesita todo lo contrario, es decir un medio alcalino. De hecho, la digestión de los carbohidratos comienza en la boca, cuando las glándulas salivales segregan otra enzima, ptialina y otros jugos alcalinos.

Cuando la comida llega al estómago, es necesario que la alcalinidad continúe para completar la digestión. Es fácil comprender el desastre que ocurre cuando se ingieren proteína e hidratos de carbono en la misma comida.

El estómago debe segregar simultáneamente jugos ácidos y alcalinos que se neutralizan entre sí y no puede digerir correctamente ni una cosa, ni la otra. En consecuencia, las proteínas se pudren, y las féculas fermentan.

La putrefacción y la fermentación son las causas principales de todo tipo de problemas digestivos, como gases, ardor, hinchazón, estreñimiento, colitis, etc. Muchas alergias son también consecuencia de la mala combinación de alimentos.

Para protegerse de la irritación tóxica crónica causada por las comidas mal combinadas, el colon segrega grandes cantidades de mucosidad para envolver las partículas tóxicas antes de que dañen su sensible mucosa.

Cuando esto sucede en todas las comidas, de manera habitual, como es el caso de la dieta moderna occidental, el intestino grueso acaba segregando un flujo constante de moco, que se acumula y se incrusta en las paredes del colon, produciendo una bolsa que se hincha hacia el exterior, provocando lo que se llama una diverticulosis.

Las siguientes etapas del deterioro del colon son la colitis y el cáncer. Si se desea combinar proteínas animales con otro alimento, la mejor elección son verduras y hortalizas, y el mejor modo de consumirlos es frescos en forma de una abundante ensalada.

La mejor combinación para los hidratos de carbono, (preferible que sean cereales integrales) son las frutas no ácidas y verduras frescas crudas o ligeramente cocidas. Las proteínas concentradas de origen animal no deberían entrar en más de una comida al día. Igual ocurre con los hidratos de carbono. Además, lo ideal para asegurarse una correcta digestión y asimilación de todos los nutrientes, es separar la ingestión de proteínas y féculas por un mínimo de 10 horas.

Por ejemplo, puedes hacer el desayuno a base de cereales: unas tostadas de pan integral con un poco de aceite de oliva, o un paté vegetal. Nada de zumo de naranja ni leche de vaca. Sustitúyelo por una infusión, te o café, solo o con leche de cereales.

Las proteínas las tomarás por la noche, te recomendamos el pescado azul como fuente de omega3, acompañado de una suculenta ensalada a base de hortalizas frescas o una guarnición de verduras.

¡Olvídate de las patatas fritas o el pan para empujar!.

Una última recomendación para disfrutar de una digestión más ligera y saludable es no tomar bebidas frías o con hielo. Al llegar al estómago inhiben la secreción de los jugos gástricos, con lo que interrumpen la digestión y desencadenan la putrefacción y fermentación del alimento en el estómago. Lo cierto es que cualquier bebida tomada en grandes cantidades con la comida, diluye los jugos gástricos y dificulta la digestión. En algunos países orientales es habitual acompañar la comida con un te o infusión caliente. El agua a temperatura ambiente es una magnífica opción. También lo son el vino y la cerveza, siempre que no estén fríos, ya que son bebidas fermentadas que tomadas con moderación facilitan la digestión.

Somos conscientes de que los hábitos alimenticios son muy difíciles de cambiar. Al principio puede resultar duro renunciar a una tortilla de patatas, arroz con pollo, o un buen bocadillo de jamón serrano. Pero cuando se convierte en lo habitual y comenzamos a sentir los beneficios en nuestro cuerpo, nos damos cuenta de que el esfuerzo ha valido la pena. Además un huevo frito con una buena ensalada también resulta delicioso.

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