Toma tomate: mima y protege tu piel

Amantes del sol, adoradores del astro rey, atención porque esto os puede resultar muy interesante. La radiación ultravioleta de los rayos solares es el mayor factor individual de envejecimiento de la piel: arrugas y manchas que pueden echarnos unos cuantos años encima. La piel es el órgano más grande y más extenso del cuerpo, el que más se ve exteriormente y ven los demás. Dicen que la cara es el reflejo del alma, y añadimos: que la piel es el reflejo de nuestros años y sus excesos.
La exposición cotidiana a la luz del sol es la que más daño ocasiona, por lo que ahora, en pleno verano, hemos de ser más cuidadosos. Pero tenemos un aliado invencible para luchar contra los efectos malignos de los rayos ultravioleta, causantes de antiestéticas manchas y arrugas en nuestra piel: EL TOMATE.
La sustancia que hace tan especial al tomate es el licopeno: un pigmento vegetal que aporta ese color rojo tan característico y que el cuerpo humano no sintetiza naturalmente por lo que debe consumirlo a través de la alimentación.
FACTOR TOMATE
En estas fechas estivales numerosas marcas de protectores solares saturan las estanterías de los comercios, haciéndonos pasar largas horas debatiendo cual será la mejor. Pero esto podría terminar. El ingrediente secreto del tomate, el licopeno, actúa del mismo modo que las cremas, incluso mejor.
El factor de protección solar es una indicación de cuánta de esa radiación bloquean. Por ejemplo, el factor 10 bloquea el 90%, el 30 casi el 97%. Y el licopeno está en esta 2ª categoría.
¿TODAVÍA MEJOR EL ‘KETCHUP’?
Los tomates crudos contienen licopeno en abundancia, así como la sandía, la papaya o el pomelo rosa. Pero ahí va lo curioso del asunto: cocinar los tomates con un poco de aceite aumenta considerablemente la cantidad de licopeno disponible. Por dos motivos:
1º Al cocinar los tomates se descomponen las paredes celulares y se libera el licopeno
2º El licopeno se disuelve en grasa y no en agua.
Ya lo sabéis: las salsas de tomate, en las que incluimos el kétchup, son excelentes fuentes de licopeno
UNA RECETA
Calentamos un par de tomates, con SU PIEL, en un poco de aceite de oliva hasta que se ablanden y se deshagan. Añadimos unas hojas de albahaca fresca. Servimos sobre una rebanada de pan caliente impregnado previamente en ajo…
Puro placer… y conservaremos una piel fresca y juvenil ¡Toma tomate y dale color a tu vida!
Olga Castañeda es nutricionista y profesora de Pilates en Gaia.
Azúcar ¿un veneno para el cuerpo?
Hasta hace relativamente pocos años, las grasas eran las grandes enemigas del mantenimiento de unos hábitos alimenticios saludables. Sin embargo, recientes estudios demuestran que el azúcar es el gran maligno de la película nutricional.
Son los azúcares añadidos en los alimentos procesados (algunos de ellos no podrás creer que llevan azúcar extra en su composición) los causantes de la epidemia del mundo desarrollado: LA OBESIDAD y todas las enfermedades asociadas.
Si echamos la vista atrás, muy, muy, muy atrás… algunos miles de años atrás, y contemplamos lo que la naturaleza nos proporciona para poder alimentarnos y nutrirnos, encontramos azúcar (fructosa, sacarosa, lactosa, glucosa) en las frutas, las verduras, la miel, la leche y poco más. Esto quiere decir que el organismo humano está preparado para asimilar cierta cantidad de azúcar, y siempre de origen natural.
Entonces ¿Cuál es el problema?
Veamos primero de dónde viene el azúcar que no está en la naturaleza: el azúcar blanco, refinado, procesado y todas sus variantes… Se elabora mediante el refinado de la caña de azúcar, un proceso que implica muchísimos productos químicos, tantos que el producto final poco se parece al de origen, no hay más que observar el aspecto del azúcar y sus gránulos con la planta de la caña; y sobre todo, no contiene ninguno de los nutrientes, vitaminas o minerales de la planta original.
Los seres humanos necesitamos azúcar para vivir y poder mantener nuestra actividad cerebral, muscular, circulatoria, etc. en buenas condiciones, y lo conseguimos si nuestro aporte de azúcar procede de los alimentos naturales. Sin embargo, cuando comemos bollería industrial, platos precocinados o comida rápida, estamos alterando nuestro organismo y creando desajustes que el cuerpo no sabe cómo equilibrar, ya que lo que contiene el azúcar procesado, para nuestro cuerpo supone una verdadera bomba, no solo calórica, sino nutricional. Los efectos que el azúcar genera en nuestro cerebro son comparables a los que ocasionan drogas, como el tabaco, el alcohol o la cocaína.
Entre los productos que esconden azúcares añadidos podemos encontrar: salsas de tomate enlatadas, pan de molde, bebidas ‘light’, yogures, platos preparados, carnes, salchichas… Tal vez, ahora entendemos mejor porqué los niveles de obesidad han aumentado dramáticamente en los últimos años: estamos ‘enganchados’ a la comida procesada.
La insistencia de llevar una dieta equilibrada va mucho más allá de la estética o estar a dieta; podemos comer perfectamente una hamburguesa o unas croquetas o unas patatas fritas, pero ¿por qué no hacerlo con materia prima original? ¿Está más rica esa bebida de cola ‘light’ que un zumo de naranja natural?
Os dejo esta reflexión: el azúcar refinado sirve para mejorar el sabor, olor y aspecto de cualquier alimento.
Olga Castañeda, experta en nutrición en aomm.tv