La práctica del Yin Yoga

El cuerpo también participa de estos elementos yin y yang. El yang corresponde a los músculos, tendones y a su movimiento. El yin corresponde a los huesos, ligamentos y a la quietud.
En el Yin Yoga las posturas son relativamente sencillas y se concentran en la apertura de cadera y pelvis, así como en el estiramiento de rodillas y columna. En una práctica yin se trabaja a nivel profundo anatómicamente hablando, es decir, que por medio de la relajación y el uso natural de la fuerza de gravedad del propio cuerpo, se llega a la máxima apertura ósea en cada postura.
Entre los beneficios que aporta el Yin Yoga, están la regeneración del tejido conectivo, la apertura de articulaciones, así como la alineación y el ajuste de nuestra estructura ósea. Con los largos períodos de tiempo que empleamos para cada postura reducimos ansiedad, tensión y estrés.
Hay quienes sostienen que la práctica yin no es un nuevo estilo sino un retorno al Yoga como meditación, como unión. En cualquier caso, para realizar una práctica de Yin Yoga hace falta una actitud yin: meditativa, pasiva y de observación. Intenta observarte como alguien ajeno, observar al cuerpo es escuchar, es no juzgar.
Gloria Godínez es profesora de yoga en Gaia.
Sraddha - Reconoce tu potencial
Cuando preparo una nueva tanda de clases para Gaia.com busco un hilo conductor que las dote de sentido y significado. Unas veces es más físico y se basan en aspectos técnicos de la práctica y otras es más inspiracional, matiz que siempre está de fondo como motor interno.
Me gusta que mis clases aporten algo más a pesar de la distancia evidente del video, por eso, esta vez me he centrado en la faceta más filosófica del yoga con el deseo de ayudarte a profundizar en tus posturas, tu presencia sobre la esterilla y tu sensibilidad.
Una de las grandes enseñanzas que me ha dado esta disciplina es que mi práctica es pura actitud y según sea esa actitud tendré una experiencia más o menos satisfactoria, y más o menos consciente. Pisar el mat con los pies descalzos es el comienzo de un viaje interno con un objetivo del que “Sraddha” se vuelve impulsor.
Conocí hace poco el significado de este concepto y sentí una profunda afinidad con él. Es una palabra sánscrita de origen budista que plantea una mirada sobre la vida con la que me siento muy identificada.
Reconocer cualidades como la belleza, la compasión, la amabilidad y la honestidad son parte de la ideología que encierra este término, por lo tanto, podría traducirse como: el talento de apreciar esas virtudes en uno mismo y en los demás, teniendo fe en ellas.
Si lo trasladamos a un plano menos trascendental, vendría a ser algo así como la disposición a “confiar en tus capacidades y aptitudes creyendo firmemente en ellas”.
