Dime qué asana evitas… y te diré qué necesitas

Dime qué asana evitas… y te diré qué necesitas

Una de las muchas cosas buenas que tiene ser profesor de yoga es que te brinda la oportunidad de conocer a un buen número de personas de todo tipo de condición física, edad, ideales; cada uno viene con sus creencias, unas limitadoras y otras no tanto. Te permite observar su práctica, sus dificultades y resistencias así como sus puntos fuertes. Somos testigos privilegiados de la relación que cada alumno tiene consigo mismo, con su cuerpo y con todo su Ser.

A partir de esta observación silenciosa y respetuosa a lo largo de los años, he podido vislumbrar la relación existente entre determinados rasgos del carácter o actitudes ante la vida y las asanas que resultan más fáciles y agradables o que abordamos con inseguridad y recelo.

Resulta bastante claro y evidente pensar que una persona introvertida y tímida se sentirá mejor haciendo posturas de flexión como aschimottanasana o Kurmasana que invitan a la introversión, que practicando grandes aperturas como Ustrasana, el puente o Dhanurasana. En muchos casos, esta timidez viene acompañada por unos rasgos físicos muy concretos como son hombros caídos y rotados hacia dentro, pecho hundido y cabeza adelantada con la mirada baja. Un hábito postural que dificulta bastante la práctica de posturas de apertura; aunque sea esto precisamente lo que el practicante necesita, abrirse a la vida.

El caso contrario también resulta bastante claro. Una persona extrovertida, que gusta de estar rodeado de gente y por el contrario evita la soledad y el silencio, se sentirá bien en asanas que implican una apertura del pecho y plexo solar, y notará dificultades e incluso incomodidad en posturas de flexión anterior, en las que el cuerpo se pliega sobre si mismo y la conciencia se vuelve hacia dentro.

Personas de mente muy dispersa posiblemente se sientan especialmente incómodas en Bhujangasana; notaremos como su postura se desmorona, se relaja, al igual que su atención mental.

Las posturas invertidas implican un cambio de perspectiva, ver la vida desde otro punto de vista. Serán agradables para personas empáticas, tolerantes, capaces de ponerse en el lugar del otro.

Si pensamos en Virabhadrasana II y recordamos la sensación de fuerza, confianza y valor que nos da, no resultará difícil imaginar qué tipo de personas más lo necesitan; observadores que prefieren quedarse sentados mientras son otros los que bailan, personas con baja autoestima que no se sienten lo suficientemente buenas como para perseguir sus sueños. Seguramente les guste la postura, incluso sea una de sus favoritas, pero se cansarán rápido.

Posturas que representan un reto a superar como Sirsasana, Mayurasana… no serán obstáculo para personas arrojadas; no quiere decir que lo logren a la primera, pero no tendrán problema en intentarlo. No es así para almas temerosas, conformistas, acomodadas en sus vidas y sin ganas de cambiar. Se resistirán, no se verán capaces y buscarán excusas.

Personas con ideales y convicciones muy férreas tendrán dificultades en adoptar posturas de torsión o inclinación lateral que implican flexibilidad.

Las posturas de equilibrio son bastante chivatas en lo que al interior se refiere. Una persona que está en un momento de crisis emocional difícilmente podrá permanecer más de algunos segundos en la postura. Mentes dispersas o muy activas pueden encontrar también dificultad en los equilibrios. Personas excesivamente racionales o por el contrario muy intuitivas e imaginativas, sin enraizar en la tierra. Esto se debe a un desequilibrio en los hemisferios cerebrales. Recordemos que el hemisferio derecho es el lunar, de energía femenina, intuitivo, creativo… el hemisferio izquierdo es el solar y masculino, más racional, lógico y matemático. Cada hemisferio cerebral se relaciona con la fosa nasal contraria y la mitad del cuerpo.

Lo expuesto no son verdades absolutas, ni pretenden serlo. No quiere decir que alguien apocado no sea capaz de hacer Sirsasana, o una persona extrovertida formar Paschimottanasana. Con constancia y práctica consciente todo se puede conseguir y superar. Es una simple invitación a la observación y el autoanálisis, para otorgarle al yoga el lugar que merece en nuestras vidas.

Cristina Herrero es profesora de yoga y meditación en Gaia.


 

Cristina Herrero Puig

Practicante y enamorada del yoga desde el año 2000. Recibe formación en EYTA, Rainbow Kids Yoga y Escuela Española de Desarrollo Transpersonal. En 2005 comienza a impartir clases de Hatha Yoga, convencida del valor y los beneficios de su práctica, así como de la necesidad actual de sanar la sociedad, comenzando por el individuo.


 



Yoga para empezar el día con energía

La propuesta de hoy es una breve secuencia de posturas de yoga que no llevará más de 15 minutos. Es perfecta para hacerla por la mañana al levantarse. Os ayudará a estirar y desentumecer el cuerpo, y os dará un aporte extra de energía para empezar bien el día.

– Gato-vaca+respiración. Apoya en el suelo las rodillas al ancho de tus caderas, y las manos al ancho de tus hombros. Mientras exhalas redondea tu columna, sacando una joroba en lo alto de la espalda al tiempo que metes la pelvis y la cabeza hacia dentro, mirándote el ombligo. Con la inhalación estira la espalda y mira hacia delante. Vacía los pulmones completamente cuando exhalas.

 Hazlo sin prisa. Repite el movimiento al ritmo de tu respiración durante 10 o 15 ciclos respiratorios. Cuando termines siéntate sobre los talones y descansa.

– Postura del grillo (Jhillyasana). Túmbate boca arriba y dobla las piernas apoyando las plantas de los pies en el suelo, al ancho de tus caderas. Acerca los talones a los glúteos todo lo que puedas, puedes ayudarte con las manos, y después coloca los brazos estirados a los lados del cuerpo, con las palmas hacia abajo. Estira el cuello por detrás. Mientras inhalas bascula la pelvis en el suelo intentando redondear la zona lumbar. Lentamente ve levantando del suelo la espalda, vértebra por vértebra, hasta llegar a formar una línea recta desde las rodillas hasta los hombros.

Asegúrate de que el cuello está relajado. Mantén la postura respirando profundamente durante 1 minuto aproximadamente. Vuelve al suelo despacio y descansa.

– Postura de la cobra (Bhujangasana). Túmbate boca abajo con todo el cuerpo estirado. Apoya bien las manos a los lados de los hombros con los dedos abiertos. Inhalando ve levantando poco a poco la cabeza y el pecho bien abierto.

Variante: Apoya en el suelo los codos y antebrazos en paralelo. Los codos deben estar alineados con los hombros.

Dirige la mirada hacia el frente y lleva los hombros hacia abajo, lejos de las orejas.

– Postura del perro cara al suelo (Ado Mukha Svanasana). Sitúate con las rodillas y las manos apoyadas en el suelo. Los pies juntos con los dedos apoyados en el suelo (también se puede hacer separando los pies, es menos intensa). Las manos deben estar separadas al ancho de los hombros y un poco adelantadas. Inhalando levanta la pelvis hacia el cielo estirando las piernas. Exhalando invita a los talones a llegar al suelo sin doblar las rodillas ni los codos. El cuerpo forma una V invertida.

– Postura del árbol (Vriksasana). De pie con todo el cuerpo estirado. Separa los pies al ancho de tus caderas y junta las manos delante del pecho. Enraízate bien en la tierra, separando los dedos de los pies. Mira un punto fijo delante de ti con la mirada relajada. Desplaza el peso del cuerpo al pie y pierna derecha y levanta lentamente el pie izquierdo hacia arriba, deslizándolo por el interior de la pierna derecha. Apoya el pie firmemente a la altura de la rodilla y abre bien la cadera hacia el lado izquierdo. Levanta los brazos por encima de la cabeza bien estirados cuidando que los hombros se mantengan lejos de las orejas.

Mantén durante medio o 1 minuto y después repite toda la operación con la otra pierna.

– El guerrero II (Virabhadrasana II). Colócate de pie en la esterilla y separa las piernas 1,50m aproximadamente, manteniéndolas bien extendidas. Orienta la punta del pie derecho hacia la derecha, y el pie izquierdo hacia el frente. Inhalando levanta los brazos en cruz bien estirados, vigilando tus hombros. Exhalando, dobla la pierna derecha y gira la cabeza hacia la derecha mirando por encima de tu mano.

Mantén el pecho bien abierto y contrae el suelo pélvico, como si retuvieras las ganas de orinar. Mantén la postura 1 minuto aproximadamente y después repite hacia el otro lado.

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