Yoga en primavera
La primavera es época de renacer y resurgir. La naturaleza nos lo muestra en todo su esplendor; ella misma despierta del letargo invernal. La savia se mueve hacia arriba de nuevo para hacer despuntar la vida en sus brotes. Los pájaros anidan para criar a sus polluelos. Los ríos fluyen colmados de agua del deshielo. Si nos detenemos a observar seremos testigos de cómo la vida vuelve a nacer con energías renovadas.
En nosotros también ocurre el cambio, nuestro cuerpo despierta a la luz del sol después del largo invierno. Necesita movimiento para sacudirse el letargo. En primavera los parques se llenan de gente, desempolvamos las zapatillas de deporte y nos animamos a salir de nuevo a pasear, correr, montar en bicicleta… lo que sea con tal de salir al exterior y recibir los rayos y el calor del sol.
El yoga nos ayuda en esta transición entre estaciones si adecuamos nuestra práctica diaria a las necesidades que requiere nuestro cuerpo-mente.
Ahora deberemos buscar posturas que nos den calor y vitalidad. Es momento de crear una práctica estimulante que nos ayude a eliminar toxinas y activar el elemento fuego, relacionado con el plexo solar y la digestión y combustión de los alimentos.

Puedes comenzar tu sadhana con varias secuencias de Suryanamaskar. Comienza lentamente, dando tiempo a tu cuerpo a estirarse suavemente y ve aumentando progresivamente la velocidad y la respiración.
Las torsiones devuelven la movilidad y elasticidad a la columna vertebral y masajean los órganos abdominales. Concretamente el hígado y la vesícula cuando el cuerpo gira hacia la derecha. Estos son los órganos que están asociados a la primavera y deberemos cuidarlos especialmente.
Posturas de equilibrio y de fuerza que requieren mayor gasto energético para ejecutarlas, como “los guerreros, Purvottanasana”, o posturas de equilibrio.
Es el momento de intentar posturas nuevas, aquellas que representan un reto para ti, los equilibrios sobre cabeza y manos“ son especialmente retadores…
Practica más aperturas (“Ustrasana“, Dhanurasana, Bhujangasana) te darán más energía y mayor atención mental. Además mejoran el funcionamiento del aparato urinario y te ayudará a eliminar toxinas por ese medio.
Posturas que activan: Manipura chakra, Adho Mukha Svanasana, Setu Bandhasana, Paschimottanasana…
La primavera es buena época para hacer una práctica más intensa y activa. Kundalini, Ashtanga o Vinyasa son distintos estilos de yoga que integran los aspectos dinámicos propios de la primavera.
INGRESA TU EMAIL SI QUIERES RECIBIR LAS ÚLTIMAS NOTICIAS DE GAIA
Al introducir tu correo electrónico, aceptas nuestros términos de uso y políticas de privacidad
Si quieres probar a practicar este estilo de yoga: Vinyasa Krama, en Gaia disponemos de un amplio catálogo de clases guiadas, encuentra tu clase y empieza a practicar.
Suscríbete a Gaia ahora. Tenemos nuevos contenidos exclusivos cada semana para ti.
¡Elige la oferta que más te conviene y comienza tu camino de transformación con Gaia!
![]()
Posturas de yoga: Torsiones
La familia de las torsiones es una de mis favoritas. Son posturas muy agradables en todas sus versiones y tienen un efecto compensatorio; encajan a la perfección casi en cualquier punto de la práctica, lubricando la columna, desestresando el organismo y tonificando los órganos abdominales.
También torsionamos en numerosas situaciones del día a día. Cuando alguien nos llama por la calle y giramos espontáneamente el tronco para mirar quién es se produce una torsión, principalmente cervical y de la parte alta del tórax; o tumbados en la cama al desperezarnos, giramos las piernas hacia un lado y el tronco hacia otro buscando activar y empezar a movernos tras muchas horas durmiendo.
Entonces ¿qué aporta la torsión en el yoga? Por encima de todo, te da conciencia en la postura y conciencia de sus efectos a nivel físico, energético y emocional.
Las torsiones nacen en la pelvis y ascienden por la columna vertebral siendo más acentuadas en la zona dorsal y cervical. Estiran la musculatura que sujeta las vértebras, fibras que organizan la posición de los discos, que están relacionadas con el equilibrio, y se exponen a debilitarse por la adaptación del esqueleto a las superficies planas de las ciudades, las malas posiciones que adoptamos con frecuencia, la falta de ejercicio y el paso de los años.
Sus beneficios más notables son:
– Torsionar comprime el abdomen y los órganos pélvicos estimulando el flujo sanguíneo.
– Flexibilizan y rejuvenecen la espina dorsal favoreciendo el riego sanguíneo en el sistema nervioso.
– La flexibilidad del diafragma aumenta mejorando la capacidad respiratoria.
– Ayudan a flexibilizar las caderas y a relajar las ingles.
– Alivian dolores de espalda y diversos trastornos de la columna vertebral.
– Los órganos internos se tonifican y el tracto intestinal mejora.
– Favorecen la eliminación de toxinas acumuladas en el hígado y el bazo.
– Son posturas que aumentan los niveles de energía y a la vez generan calma mental.
En el aspecto más sutil, las torsiones tienen un claro impacto equilibrante en nuestras emociones. Es como si al girar la columna estrujásemos el sistema nervioso, una vez que las vértebras vuelven a su lugar se produce un flujo de sangre intenso en dos direcciones, hacia el cerebro y hacia las piernas. Este flujo es también energético y le da una sana sacudida a nuestro estado anímico ayudando a desatascar emociones estancadas y a darles salida. Puede suceder que tras una práctica con muchas torsiones te sientas algo revuelto durante el día, e incluso al día siguiente, con necesidad de llorar y de soltar. Si sucede no le pongas freno ya que estás “limpiando”.
Te animo a poner más atención a las torsiones y a explorarlas desde el conocimiento de sus beneficios. Te ayudarán a deshacer tensiones profundas, tanto físicas como emocionales; dale profundidad a la respiración, permite que el estrés abandone tu cuerpo y disfruta del regreso a la posición natural y al equilibrio interno.
Namaste.