Limpieza de año nuevo

Es común durante las Navidades comer y beber en exceso, por eso hoy os queremos proponer una serie de posturas y prácticas yóguicas que te ayudarán a limpiar y desintoxicar tu cuerpo.
Las posturas de flexión anterior junto con las torsiones producen un masaje en los órganos del abdomen encargados de la digestión, asimilación y eliminación. Practicar posturas como paschimottanasana, marichyasana, arda matsyendrasana, uttanasana… manteniéndolas durante varios minutos, mejoran el funcionamiento de dichos órganos y ayudan en el proceso de desintoxicación.
Las posturas de extensión como ustrasana, dhanurasana, bujangasana, setu banda… ejercen masaje en la zona lumbar y los riñones, mejorando el funcionamiento del sistema urinario. El estiramiento que se produce en la parte anterior del cuerpo, y en algunos casos como dhanurasana, la presión contra el suelo, también resulta beneficioso para la digestión y eliminación de residuos tóxicos.
Como sucede en todos los procesos del organismo, la respiración es crucial para el proceso de eliminación y desintoxicación, ya que asegura el nivel óptimo de oxígeno en sangre necesario para el buen funcionamiento de todos los órganos y glándulas. Por eso, las secuencias en las que se combinen posturas de flexión anterior y posterior ritmadas con la respiración ayudan a eliminar toxinas.
Sitúate en la esterilla con las rodillas y las manos en el suelo. Acerca la rodilla derecha a la frente, redondeando al mismo tiempo la espalda y metiendo la cabeza hacia dentro mientras exhalas. Después mira hacia delante, estira tu espalda y lleva el pie derecho lejos estirando la pierna, mientras inhalas. Continúa con este movimiento durante 1 minuto o 2 y después repite con la pierna izquierda.
De pie con los pies separados al ancho de las caderas, inhalando crece hacia el cielo al mismo tiempo que levantas los brazos con las manos enfrentadas. Al exhalar, dobla un poco las rodillas y flexiona el tronco sobre las piernas, lleva las manos al suelo. Vuelve a inhalar y estírate hacia el cielo de nuevo. Al ritmo de la respiración continúa con este movimiento durante un par de minutos.
Técnicas de pranayama específicas como kapalabhati, agnisara o ujjayi tienen un efecto de activación del fuego digestivo, aumento de la temperatura corporal y la sudoración.
Para aliviar el organismo en general y el aparato digestivo en particular, una buena opción es hacer un semiayuno a base de caldos vegetales, cargados de vitaminas y minerales, ligeros y de fácil digestión. Los zumos naturales de frutas y verduras de la estación también son recomendables por su alto contenido en vitaminas y fibra, pero no conviene abusar de ellos debido a su efecto enfriante. Las uvas negras son un excelente desintoxicante para el canal digestivo, el hígado, los riñones y la sangre. El ajo crudo, ademas de su efecto antibiótico purifica la sangre y limpia el cuerpo de residuos tóxicos. Tomar infusión de jengibre endulzada con miel después de las comidas, facilita la digestión.
Las limpiezas o irrigaciones colónicas son excelentes para llevar a cabo una limpieza profunda y eficaz del intestino. Puede hacerse en casa o acudir a centros especializados. También existe, por supuesto, una técnica yóguica para realizar esta limpieza de manera más suave y natural. Su nombre es Shank prakshalana. Consiste en beber agua templada con sal, seguidamente hacer una serie de movimientos que hacen que el agua pase por todo el aparato digestivo, limpiándolo y arrastrando residuos tóxicos. Después es necesario ir al baño para vaciar el intestino. Se debe repetir el proceso hasta que el agua salga limpia.
Cristina Herrero es profesora de yoga en Gaia.
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La vida color yoga
En 2013 comenzó mi historia de amor con el yoga.
En aquella época vivía una etapa de ansiedad y buscaba soluciones que me ayudaran a paliarla. La persona adecuada en el momento adecuado me recomendó iniciarme en el yoga acompañándome al centro dónde ella acudía de forma habitual.
Y así fue como un buen día me descalcé por primera vez en la entrada de Sananda, avancé entre budas por el pasillo oloroso a incienso hasta la esterilla en la que me vi tumbada, amorosamente tapada con una manta y esperando el inicio de la clase de principiantes.
Mi mente prejuiciosa pensaba en sectas, levitaciones, aburrimiento supremo y gente etérea… Hasta que ¡Ale hop!, comenzó la clase y con ella la magia. Esa magia del yoga que te despega del pasado y del futuro y te sitúa en la vida, en la intensidad de cada movimiento y cada respiración. A solas contigo, en comunión con el resto del universo, ¡tan grande esta magia! Respirando amor y encajando cada pieza del puzle en perfecta armonía.
A lo largo de esta historia de amor hasta el presente recuerdo que un pedazo de mi alma partió con mi madre un día para no volver y dos príncipes sin corona se fueron dejando hojas marchitas tras de sí. Rememoro momentos de intensa pasión yóguica cuasi diaria sobre la esterilla… Otros, en cambio, de ausencias de amante indecisa que no quiere dejarse querer. ¿Cómo olvidar las sonrisas cálidas que me reciben siempre al regresar? Mantras hermosamente cantados, el príncipe con corona que apareció para apoyarme y regar mi alma, y seres de luz como mi niña Adriana que, desde mi vientre, me acompaña en cada asana abriendo más mi corazón con cada respiración.