Vishuddha o chakra de la garganta

Está situado detrás de la garganta y relacionado con los plexos laríngeo y faríngeo además de con la glándula tiroides. Regula el sistema linfático y actúa sobre las cuerdas vocales y los oídos.
Su elemento es el éter o espacio. Suele ser representado como un loto de 16 pétalos de color turquesa o azul claro. Su bija mantra es Ham.
El área de irradiación de Vishuddha es el hueco de la garganta. Controla la expresión. Al estar relacionado con las cuerdas vocales se activa mediante el Mantra Yoga. También se asocia directamente con la creatividad y la comunicación.
Cuando su energía fluye armónicamente se logra armonía, dominio, pureza y desapego. Si está desarmonizado, sus efectos se manifiestan en problemas en la garganta como laringitis, tortícolis o afecciones en los oídos.
En su aspecto psíquico, si está desarmonizado aparece imposibilidad de comunicarnos con los demás tanto en el habla como en la escucha. No podemos expresar nuestros sentimientos y deseos y se bloquea la tarea creativa. Aparecen entonces la tristeza, la angustia y la frustración que derivan de esa imposibilidad de comunicación.
En el otro extremo están quienes, sin poder controlar las palabras, hieren y engañan a los demás o los manipulan.
Vishuddha está relacionado también con los brazos y las manos, en este sentido tiene que ver con la expresión gestual.
Posturas para armonizar la energía en Vishuddha:
- Movimientos de cabeza y cuello, se suelen hacer como calentamiento.
- Halasana o postura del arado
- Ardha matsyendrasana o postura de torsión.
- Simhasana o postura del león.
Libera tus chakras con esta clase de Mario Silva
Mi viaje yogui
Al principio éramos nómadas.
Viajar forma parte del ser humano, el impulso natural de movernos, de explorar y descubrir nuevos horizontes. Nos desplazábamos en busca de comida, caza, zonas fértiles que proporcionaran alimento y la aparición de la agricultura fue el comienzo de un gran cambio. Poco a poco nos fuimos asentando en comunidades sedentarias, precursoras de nuestro actual modelo de vida, pero el ansia de viajar nunca cesó.
Se ha ido transformando para dar paso a otra manera de transitar por el mundo, la curiosidad de conocer distintas culturas, de admirar la belleza de la naturaleza y de compartir momentos especiales.
Ahora viajamos para hallar la emoción, que no deja de ser algo esencial e íntimo, que nos conecta profundamente con lo que somos y lo que nos rodea.
Este verano viajé al norte de India, la yogini que aprendió el yoga en occidente, se iba en busca de los orígenes. ¡¡Wow India!! me decía todo el mundo. Es un país cuya fama mística resulta difícil trascender. Se escuchan tantas historias de gente a la que le ha cambiado la vida, que repite una y otra vez, personas que se han quedado a vivir allí, que puedes perderte en una idea un tanto mitológica de lo que vas a encontrar, generando excesivas espectativas.
El extra era viajar de la mano del Yoga, una experiencia que va mucho más allá del turismo. Cambiar el escenario te sitúa en un plano mental distinto, la variación de perspectiva se da aunque no la busques y ahí es donde empieza la otra expedición, hacia el interior.
Si a ésto le añades la práctica de Yoga y meditación diarias, como eje conector de la viviencia, surge la oportunidad de profundizar conscientemente y abrir un espacio de autoconomiento. Ambos viajes son siempre una aventura en unión, como la misma palabra YOGA indica, unión del cuerpo y de la mente, y por lo tanto, unión universal, porque no estamos separados de nada.
Elegir destino es importante, un lugar que nos inspire, ya sea por su encanto, por el interés cultural, o su magia. Y después viene la disciplina de levantarse pronto cada día y aterrizar sobre la esterilla para comunicarte con tu cuerpo.
Los viajes de encuentro personal son fantásticos pase lo que pase en ellos. Una ocasión para desconectar de verdad de todo lo que abarrota nuestro día a día y conectar otra vez, echar gasolina premium para volver con la energía renovada, siendo un poco más tú y con las ideas más claras.
Pero retomemos India de nuevo. ¡Pues no fue lo que yo esperaba! teniendo en cuenta que no esperaba nada concreto, ya que tenía claro que iba a encontrar mucha suciedad, bullicio, caos, ruido y pobreza, entre otras cosas. Para lo peor iba teóricamente preparada.
Tampoco tuve un brote de iluminación, ni sintonicé especialmente con la vertiente más mística, que distaba mucho de mi sentido personal de la espiritualidad.
Sin embargo, la belleza de lo real, de lo que es sin más añadidos, de las conversaciones con mis compañeros de andanza, de los pequeños detalles y la autenticidad de tantas situaciones vividas, positivas y negativas; todo interiorizado a través de mi práctica: las posturas, la respiración, los silencios, la atención consciente… conformaron la experiencia única e irrepetible de “mi viaje yogi”, haciéndolo sencillamente enriquecedor.
